Cultura y sociedad | Señal Memoria

Cultura y sociedad

Colección que agrupa los documentos relacionados con temas de interés general, expresiones artísticas, manifestaciones y producciones culturales originadas por los diferentes tipos de poblaciones en el país.

Los compositores estadounidenses William Grant Still (1895-1978) y George Walker (1922), junto al nigeriano Fela Sowande (1905-1987), pertenecen a la generación de músicos afrodescendientes que de manera precursora se abrió paso en un medio musical hasta entonces dominado ideológicamente por la raza blanca. Still, con amplia gama de composiciones, fue pionero en los dominios de la dirección orquestal y sus obras se interpretaron en grandes auditorios de Europa y América. La versatilidad de Sowande se expresó tanto en la música popular como en el ámbito erudito londinense; Walker, por su parte, ha recibido comisiones de importantes orquestas de los EEUU. Las obras aquí reunidas cubren un periodo comprendido entre 1930 (Sahgdji, ballet) y 1955 (African Suite, para orquesta de cuerdas).

Se tiene aquí un buen ejemplo de las carátulas del sello Westminster, célebre por estos enfoques no tan irreverentes como heterodoxos. Se trata de una importante grabación de la obra de Schubert dirigida por Eugen Jochum que, si bien da a entender que se incluye la Novena Sinfonía “Inconclusa”, se trata en realidad de la No.7 en Do, D.944. Como quiera que sea, es un producto lo suficientemente sugestivo como para conferirle a Schubert un nuevo significado.

Poco antes del ocaso del LP de música clásica, muchos de estos productos buscaron emancipar sus carátulas de ese cerrado concepto al que aludía lo “clásico”, en el que fueron frecuentes intérpretes o directores de orquesta en poses afectadas u obras de museo con formato ampuloso y paradigmático. Se empezó, entonces, a trabajar un concepto de carátula de manera ambigua y juguetona, con referencias al mundo del pop y del jazz.

Conciertos debut en Viena (1962), Nueva York (1967) y Londres (1974), hicieron parte del significativo renombre que por entonces tuvo la pianista colombiana Blanca Uribe en el contexto internacional. Reseñas halagadoras de su labor musical se encontraron con recurrencia en publicaciones como Gramophone y diversos diarios que a su paso dieron cuenta del éxito alcanzado. Particularmente son frecuentes las referencias a la calidad con la que la pianista interpretó la Suite para piano “Iberia” (1906-1908) del compositor español Isaac Albéniz. Esta grabación de 1977, se ubica en el pináculo de su carrera y por ello fue reconocida con el “Premio Albéniz”.

Nacida en la periferia de las grandes metrópolis productoras de pianistas, Alicia de Larrocha de la Calle (1923-2009), fue la intérprete española del este instrumento con mayor impacto internacional. Su talento le permitió moverse con igual sensibilidad y éxito tanto en el repertorio canónico centroeuropeo, como en las tradiciones españolas de composición nacionalista. Aunque fueron célebres sus interpretaciones de Mozart, Beethoven y de Schumann, las mismas resultaron opacadas por el gran reconocimiento que en sus pequeñas manos tuvo la obra de Isaac Albéniz, Manuel de Falla y Enrique Granados. Esta grabación de 1977 actualizó un proyecto realizado desde sus primeras incursiones en los estudios, cuando en 1954 registró las “Goyescas” por primera vez.

 

Narciso Yepes (1927-1997), junto a Andrés Segovia (1893-1987), es recordado como la figura más gloriosa de la guitarra clásica española. Fue inspirador de buena parte de la obra para guitarra de Joaquín Rodrigo (1901-1999) y de otros tantos creadores de lenguajes modernos para dicho instrumento durante el siglo XX. Al mismo tiempo, tanto Yepes como Segovia, se encargaron de construir un estilo particular de la obra de Bach, distante de las actuales interpretaciones con criterio historicista, pero elocuente al momento de expresar la percepción de la guitarra como universo sonoro de colores y matices. En ese sentido, fue muy atractivo el uso que Yepes le dio a la guitarra de 10 cuerdas, modalidad del instrumento indisolublemente asociada a su carrera.

Con el advenimiento del Long Play (LP) (1948), la guitarra alcanzó representatividad en el ámbito de la música clásica, lo que se reflejó en una mayor difusión de su repertorio, además de la curiosidad e indagación en otros sonidos cercanos, propios de aquellos instrumentos que le antecedieron, como es el caso del laúd o la tiorba. Indiscutible virtuoso, Julian Bream (1933) fue un influyente intérprete, estandarte en la escuela inglesa de interpretación de la guitarra, tanto por el encargo de nuevo repertorio como por la investigación en las glorias del pasado, como es el caso de John Dowland (1563-1623). Este disco, grabado en 1956, es el debut de Bream en el sello Westminster, acreditado por la alta fidelidad de sus grabaciones. Posteriormente se reeditó con el sello His master voice (HMV). Así mismo, su contenido y la imagen juvenil de la portada se usaron para el disco “Julian Bream plays Dowland and Bach” de Deutsche Grammophon (2008).

Sir George Solti (1912-1997), nacionalizado británico en 1971, nació en Budapest, capital húngara. Su obra como director, de especial renombre en el campo operístico, también lo fue en el campo orquestal, con prestigiosas interpretaciones de la obra de su compatriota Béla Bartók. Como resultado de esa cercana relación, se cuenta con grabaciones de referencia como esta, del año 1955, registro de la “Música para cuerdas, percusión y celesta” (1936), junto a la Suite “Háry János” (1926), de su coterráneo Zoltan Kodály. Aunque en el albor de su carrera como director, Solti no fue del agrado de los productores de Decca y London Records, su enorme talento se refleja en los más de 30 premios Grammy obtenidos, la mayor cifra alcanzada en la historia de tal reconocimiento.

Los directores húngaros Ferenc Fricsay (1914-1963) y Georg Solti (1912-1997), al lado de otros dos coterráneos, Fritz Reiner (1888-1963) y Antal Dorati (1906-1988), constituyeron cuatro artistas de indisputada referencia en un amplio horizonte, desde el clasicismo temprano hasta la música de mediados del siglo XX. Cada uno tuvo un repertorio especial con celebradas interpretaciones de Beethoven. Aún así, quien hizo de este compositor una de sus especialidades mayúsculas fue Ferenc Fricsay. Su interpretación de la Novena Sinfonía “Coral”, lejos de ser la más famosa, ha sido estimada como la mejor grabación.