El Apagón en 1992 | Señal Memoria

Publicado el Mié, 02/03/2022 - 18:23
1992: el año del Apagón
apagon
Archivo Señal Memoria de RTVC. Diseño gráfico: Karen López para Señal Memoria de RTVC

En 1992 el Fenómeno del Niño no solo provocó sequías sino también un descenso en el nivel de los embalses, a lo que se sumó una crisis en el sector eléctrico que no fue atendida durante años. La situación obligó al gobierno a hacer cortes diarios de electricidad entre marzo de 1992 y febrero de 1993. La historia del “Apagón” también nos la cuentan los documentos de archivo.

Cuando Colombia se apagó

En mayo de 1992 la revista Semana publicó una portada con una vela en la penumbra y el título “¿Quién nos dejó a oscuras?”. En páginas interiores ofrecía a sus suscriptores una lámpara Coleman, último modelo, con el lema “¡Salga de la oscuridad!”. Eran los días en los que los colombianos debían vivir cada mañana y cada noche sin energía eléctrica, en una época en la que no había redes sociales ni internet y las estufas y calentadores de muchas casas funcionaban con electricidad. En ese entonces la televisión reinaba como el principal medio para acceder al mundo desde la sala de cada hogar... Fueron once meses en cuyas horas pico de consumo de energía, la luz era cortada.

 

 [Embalse San Rafael - La Calera]. (1992). [Material huérfano]. Archivo Señal Memoria, UMT 208522

 

El detonante fue El Niño, el ciclo climático que calienta las aguas del Pacífico ecuatorial y que en Colombia provocó una intensa sequía. Al comienzo del año los medios solo se referían a sus efectos en la cotidianidad de una Bogotá inusualmente soleada, pero a los pocos días las autoridades alertaron sobre un peligro inminente: estaban descendiendo las aguas de los embalses que suministraban agua y energía al país. La advertencia llegó con llamados al ahorro de agua, impulsado por la campaña Cierre la llave, pero siga cantando.

En febrero la gravedad de la emergencia se extendió a raíz de una decisión inevitable: el país tendría racionamientos de energía diarios, los cuales se esperaba que durasen unas cuantas semanas. La idea la tuvo el ministro de Minas y Energía Juan Camilo Restrepo, quien venía de negociar con éxito el fin de la huelga de los trabajadores de Corelca, la empresa pública que entonces administraba el servicio de electricidad en el Caribe. No se podía tomar otra decisión, pues la sequía agravó una crisis en el sector eléctrico: insolvencia de algunos proveedores, falta de mantenimiento de la infraestructura, retrasos de cinco años y sobrecostos en la construcción de El Guavio (la hidroeléctrica que prometía modernizar el servicio), así como desórdenes administrativos en ISA (la empresa encargada de la interconexión del país), la cual no tuvo director en propiedad durante un año.

 

[Apagón en Bogotá]. (1992). [Material huérfano]. Archivo Señal Memoria, UMT 208522

 

Los cortes empezaron el 2 de marzo, pensados primero en la tarde, aunque luego debieron alargarse, especialmente en las horas pico de consumo (es decir, cuando las familias estaban en sus casas consumiendo electricidad). A mediados de año el apagón ya era de nueve horas en Bogotá, diez en la costa Caribe, y dieciocho en San Andrés. Los negocios que podían hacerlo compraron plantas eléctricas de gasolina, cuyo ruido acompañó las noches de numerosos sectores comerciales. En los barrios residenciales, por su parte, reinaron el silencio y la oscuridad, mientras la gente que pudo se refugió en sus casas a distraerse con la radio y los juegos de mesa.

El gobierno intentó en más de una ocasión contrarrestar la crisis. En Cartagena atracaron unas barcazas destinadas a suministrar la electricidad que hacía falta, pero que no eran compatibles con el sistema de interconexión del país, lo que provocó la pérdida de nueve millones de dólares y la destitución del senador que gestionó la compra. En mayo, el ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos, propuso adelantar el huso horario y así aprovechar de mejor manera la luz del día, a semejanza de los países con estaciones. La “Hora Gaviria” se impuso con polémicas, siendo la más recordada la que protagonizó Gustavo Álvarez Gardeazábal, entonces alcalde de Tuluá, al decretar que su municipio volvería a la hora antigua para las fiestas de fin de año.

 

 Calderón, P. (directora) (1992). Noticiero de las 7. Colombia: Programar TV. Archivo Señal Memoria

 

Los problemas no se hicieron esperar. Algunos hospitales públicos agregaron cortes de luz a sus viejos problemas, mientras las pérdidas del sector productivo llegaron a 33 millones de dólares semanales. La crisis más visible, pues entró a todas las casas, fue la de la televisión: las productoras a las que Inravisión adjudicaba espacios en sus canales debieron cancelar producciones y emitir repeticiones y trasladaron su franja prime time a las 10 de la noche. La radio fue la salvación de los medios y de un público que hace poco la había relegado a las mañanas. Del deseo de ensayar nuevos formatos, Hernán Peláez creó en Caracol Radio el exitoso programa La Luciérnaga.

En los noticieros, como un desesperado mensaje de esperanza, se hizo frecuente mostrar el nivel diario de los embalses. Cuando finalmente las represas subieron, las horas de racionamiento se empezaron a reducir. La Hora Gaviria acabó en enero y el servicio eléctrico volvió a la normalidad el 7 de febrero de 1993. Una eternidad que dejó grandes lecciones al Estado colombiano: cinco años después se inauguró El Guavio mientras se construían las centrales de Urrá, Porce II y Miel II, la Ley 143 reformaba el sector eléctrico abriendo paso a la competencia privada y la red de gas natural se extendía al interior del país.

 

Calderón, P. (directora) (1992). Noticiero de las 7. Colombia: Programar TV. Archivo Señal Memoria

 


Autor: Felipe Arias Escobar

 

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Fecha de publicación original Mié, 02/03/2022 - 18:23
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