En el Mundial de Fútbol las rivalidades entre equipos son recurrentes. Pero una de ellas ha trascendido lo deportivo gracias a la historia reciente: Argentina contra Inglaterra. Desde encuentros históricos en los que ambos equipos se han eliminado mutuamente, hasta las heridas abiertas por la soberanía de las Islas Malvinas, donde el recuerdo de Maradona y el 86 también ha hecho de las suyas.
En el fútbol y para quienes lo hacen realidad como lo son los jugadores y los directivos, los partidos ya no solamente se juegan dentro de un cancha, rodeados de cientos de miles de personas y vistos a través de millones de pantallas de televisión.
Hoy el fútbol es más poderoso e influyente. Los grandes jugadores y también los que no son tan famosos (pero son grandes en su manera de jugar), son referentes que apoyan y legitiman causas en contra o a favor alguna causa. Aunque la Fédération Internationale de Football Association, comúnmente conocida como FIFA, afirma que los mensajes políticos no se pueden incorporar al fútbol, hay símbolos o manifestaciones que evidencian lo contrario. Por ejemplo, en la final de la EUROCOPA de naciones del 2021, hubo un hecho incluso antes del inicio del juego entre ingleses e italianos, cuando los jugadores de ambos equipos se arrodillaron en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter que surgió a raíz de la muerte de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, Estados Unidos.
El Mundial de Videla
De igual manera los mundiales de fútbol han servido de base o distracción para legitimar causas. Un ejemplo de lo anterior fue la Copa Mundo de 1978 que se llevó a cabo en la Argentina, aunque la sede fue seleccionada a finales de 1966 en un Congreso del ente futbolero en Londres.
Pero la Argentina de finales de los sesenta era muy diferente a la que organizó el Mundial. En 1976 un golpe militar liderado por el general Jorge Rafael Videla, desencadenó en una cruel dictadura que trajo desapariciones, torturas, muertes y distintas violaciones a los derechos humanos de ese país.
La FIFA analizó la situación política para un cambio de sede. Sin embargo, Videla hizo todo lo posible para no perder aquella oportunidad, pues el evento deportivo fue la ocasión para ocultar lo que estaba pasando en Argentina. Entonces la junta militar encabezada por Videla decidió invertir más de medio millón de dólares en el evento, ya que algunas de las exigencias de la FIFA tenían que ver con infraestructura (como el metro) o la construcción de escenarios deportivos como los tres nuevos estadios.
Las sedes seleccionadas para llevar a cabo los partidos fueron Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Mendoza y Buenos Aires, con dos estadios. Uno de ellos era el Monumental de Núñez, donde se celebró la ceremonia inaugural y la final, situado a escasos metros de la Escuela de Mecánica de la Armada, conocida por sus siglas ESMA, la cual fue el principal centro clandestino de detención de la dictadura. Allí torturaron a cientos de presos políticos mientras Argentina ganaba su primer Mundial de fútbol.
Señal Memoria cuenta en su archivo con una entrevista a Ernesto Sábato, realizada en el programa Palabra Mayor, producido por Audiovisuales, en la que el escritor hace una condena explícita a lo ocurrido en la dictadura argentina. Igualmente se refiere al Informe Sábato sobre los hechos que marcaron esa época del país austral.
Fernando Molina (realizador). Audiovisuales (productor). (1992). Palabra mayor. Entrevista a Ernesto Sabato. Archivo Señal Memoria, C1P-243355.
Con su primer título Mundial, el fútbol argentino ponía fin a una historia de frustraciones con el subcampeonato de 1930, ausencias prolongadas y fracaso. Entre esas historias la más recordada fue la eliminación en 1966 contra los ingleses (a la postre campeones en una final de polémicas decisiones arbitrales). Fue un partido tenso que incluyó la expulsión del mediocampista Antonio Ubaldo Rattín, quien salió del campo limpiándose las manos con la bandera británica y sentándose en la alfombra reservada para la Reina. Una historia que se adelantó a lo que vino veinte años después.
Argentina e Inglaterra: la guerra de las Malvinas en versión futbolística
Sobre el mediodía del 21 de junio de 1986 se jugó en el estadio Azteca un partido que significó para la sociedad argentina, más allá de pasar a la semifinal de un Mundial, un triunfo ante un país que había ocupado ilegalmente un territorio propio de los argentinos.
Aris Vogel (Director). (1983). La guerra del siglo en América : [La guerra de las Malvinas]. Archivo Señal Memoria, UMT-207412.
Aunque directivas de la FIFA y organizadores del Mundial de México 86, trataron de quitar todo carácter político al enfrentamiento futbolístico, la prensa y los mismos políticos de uno y otro país resaltaron la importancia simbólica de este encuentro. Los seguidores argentinos en todos los encuentros y más en este, llevaron pancartas alusivas al conflicto con los ingleses. En muchas se leía “Las Malvinas son argentinas” y se acompañaban de cánticos que decían "Vamos a matar ingleses". A ello se sumó la preocupación de la llegada de los hooligans, como se les denominó a los seguidores ingleses.
Los políticos, por supuesto, no se quedaron atrás, pues diputados peronistas hicieron una petición a los jugadores y directivos para que el equipo se retirara del torneo y no jugara contra los ingleses. Cuestión que la FIFA descartó, amenazando con que si se hacía el país austral sería suspendido y retirado junto con todos sus clubes de cualquier competencia relacionada con el fútbol. Y una vez más llamó la atención sobre la no incorporación de mensajes políticos en el deporte. La selección dirigida por Bilardo y liderada en la cancha por Maradona reforzó el mensaje afirmando que “la selección de la Argentina está conformada por profesionales del fútbol y buscamos la victoria. Por eso me disgusta que se insista tanto en preguntas que nada tienen que ver con este deporte”.
Maradona y su Mundial
En el ámbito deportivo quedan dos jugadas que marcaron el partido entre ingleses y argentinos.
RTVC Sistema de Medios Públicos (Productor) (1986). Today in Replay : Junio 29 - [Gol de la mano de dios]. Archivo Señal Memoria, DV-263397.
Un gol denominado “la mano de Dios” que, según el mismo Maradona, fue “una intervención divina” al tratarse de una jugada en la que el jugador metió la mano. El juez central validó el gol a pesar de los justos y airados reclamos de los ingleses.
La segunda jugada fue una magistral maniobra individual, considerada el mejor gol marcado en un encuentro de finales de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA. Maradona empezó la jugada en la mitad de la cancha dejando atrás cuatro jugadores ingleses, entre ellos al temido defensa inglés Terry Butcher, al cual superó dos veces Maradona, que hizo una finta sobre el arquero Peter Shilton, el cual cayó. Entonces Maradona metió la bola en el arco.
Pero la zurda de Maradona no era solo para patear la pelota. Quien en su momento defendió el fútbol ubicándolo sobre el conflicto con los ingleses, siempre tuvo una vocación política. En su hombro derecho tenía tatuado el rostro de Ernesto el Che Guevara y en su pierna izquierda la imagen del líder cubano Fidel Castro.
Durante su vida defendió los derechos y expresó su apoyo a la lucha de minorías o movimientos sociales. Incluso casó una batalla con la Iglesia, la cual se retrata en una de sus anécdotas de su libro autobiográfico Yo soy Diego, en el cual expresa que cuando entró al Vaticano vio el techo de oro y dijo “cómo (el Papa) puede ser tan hijo de puta de vivir con un techo de oro y después ir a los países pobres y besar a los chicos con la panza así. Dejé de creer, porque lo estaba viendo yo”. O la crítica a los directivos de la FIFA, cuando señaló: “Hay dentro de la FIFA una anarquía total. Hay un solo hombre que decide todo y no sabe absolutamente nada, un ignorante”, refiriéndose a Blatter, a raíz de todo el entramado de corrupción que se puso al descubierto con los sobornos (de y con los gobiernos) para entregar las diferentes sedes de la Copa Mundo, entre ellas la de Catar.
Este es otro ejemplo de que el deporte y en especial el fútbol, va más allá de un balón y el enfrentamiento de once contra once. El activismo político hace parte del menú de un deporte en el que los derechos e ideales políticos de unos y otros acompañan cada jugada y cada gol que se celebra por los jugadores y sus seguidores.
Autor: Hugo Guerra
