Esclavitud, deshumanización y animalización | Señal Memoria

Esclavitud, deshumanización y animalización
Publicado el Sáb, 02/12/2023 - 15:00 CULTURA Y SOCIEDAD
Esclavitud, deshumanización y animalización

La cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre esclavitud en la actualidad dan cuenta de un aumento en los últimos años, con alrededor de cincuenta millones de humanos en estas condiciones. Pensar en cómo esto ha sido posible, implica reconocer el proceso de deshumanización que ha llevado a que muchas poblaciones a lo largo de la historia hayan sido relegadas a vivir en condiciones subhumanas. A su vez, es una oportunidad para analizar las formas de explotación laboral que comúnmente perdemos de vista.


La esclavitud es una forma de opresión económica que ha perdurado desde tiempos antiguos, hoy hay múltiples formas de esclavitud moderna. En un programa de Señal Colombia que abordó diferentes problemáticas sociales a finales del siglo XX se realizó una nota al respecto que pueden escuchar a continuación:

Turbay Quintero, Julio César (Director). (1999). Magacín internacional: taras de la humanidad dos. Bogotá: Inravisión; Señal Colombia - RTVC. Archivo Señal Memoria,  BTCX30-005745.

 

El relacionamiento común entre esclavitud y trata de personas negras africanas se debe a lo reciente que es y a que tuvo un caracter particular. La noción de “raza”, que todavía se usa para clasificar grupos humanos desconociendo que es biológicamente inválida, fue en palabras del sociólogo decolonial Aníbal Quijano “el más eficaz instrumento de dominación social inventado en los últimos 500 años”. Las teorías sobre la “raza”, entonces consideradas científicamente válidas, sustentaron directa e indirectamente la deshumanización de las personas negras,  que sirvió para justificar el proceso de expolio de la fuerza productiva posterior a la conquista de América. 

El proceso de clasificación “racial” o racialización, posicionó a las personas jerárquicamente, entonces la población blanca se consideró superior por “naturaleza”. Es por ello que el racismo afectó también a pueblos nativos del “nuevo continente”, se les clasificó como salvajes. El hombre blanco tenía el “deber de usar a la razas inferiores de la mejor forma”: esclavizarlas y evangelizarlas. 

Como se dijo, la esclavitud fue anterior a la conquista de América, múltiples ejercitos que invadían territorios tomaban a las personas capturadas como esclavas, mediaba considerarlas susceptibles de ser violentadas justamente, eran “humanas corrompidas” o “menos que humanas”. En el contexto de la trata trasatlántica, la racialización hizo esto aún más evidente al asociarlo con características fenotípicas fácilmente visibles. 

Hay que precisar que la deshumanización es estructural, se expresa no solo en muestras de racismo directo, con violencia física y psicológica, sino a nivel cultural en los prejuicios sobre las personas no-blancas, a nivel económico en la desigualdad sistémica y a nivel institucional en las normas y políticas que las excluyen o las marginalizan. Así pues, el racismo no se erradica solo en la medida en que las personas se traten entre sí sin distinción de “raza”, ya que mientras tanto al estar racializadas siguen siendo víctimas por la dificultad impuesta de vivir una vida digna (“humana”). 

También a finales de los años noventa hubo una visibilización sobre los legados del racismo en la televisión pública colombiana, como podemos ver en este capítulo de Antídoto

 

Bray Bohórquez, Juana Teresa Antonia (Directora). (1999). Antídoto. Capítulo 58 : Racismo. Bogotá:  Inravisión - Señal Colombia - RTVC.  Archivo Señal Memoria, BTCX30-010687

 

Por otro lado, siguiendo los estudios críticos de la “raza”, se identifica que la deshumanización ha sido a su vez una animalización. Es claro que hacemos parte del reino animal, sin embargo, como señala la teórica antiracista Syl Ko, el sistema de clasificación racial está ligado a la construcción de la categoría moderna de animal, según la cual los animales son seres inferiores en un binario humano-animal. 

Esta contraposición antropocéntrica no es novedosa, mas tiene un carácter particular al conectarse con la de “raza”. No es extraño que a muchas personas les resulte chocante hablar de animales humanos, a pesar de que sea biológicamente adecuado, y es frecuente que etiquetar de animal a una persona humana sea una forma de atacarla, insulto muy frecuente a las de otras “razas”.

La animalización asume la falta de dignidad de los animales como algo natural, no dado por la forma en que les hemos tratado históricamente. Como se puede ver, animalizar no sería un proceso de degradación moral si no fuera porque existe un marco especista desde el que la humanidad es la medida de valor. 

Sin embargo, no hay que perder de vista que el racismo ha demostrado que lo humano no es una categoría biológica equivalente a la especie homo sapiens, sino una categoría social, acorde a la que hay una fuerte tendencia a que para recibir un trato “humano” haya que ser de “raza” blanca, de la misma forma “animal” no siempre equivale solamente a seres de otras especies. 

El humanismo que se concretó en el renacentismo europeo fue la semilla de la idea de “hombre” que posteriormente sustentó los derechos y luego transmutó a la idea de humano. Pero la humanidad no es solo una etiqueta que sirve para nombrar, los derechos son una muestra de ello, pues evidencian que tiene un peso por estar inscrita en normas, instituciones y prácticas que en principio buscan garantizar la vida y el bienestar de quienes se consideran humanas. Es por ello que el racismo, como deshumanización, se instala en la estructura de las sociedades.

Retomando la esclavitud, es central indicar que más allá de la su ilegalidad, ha sido fundamental para la acumulación del capital. Tal nivel de desigualdad es inherente al modo de producción capitalista, lo fue con la trata esclavista y lo es ahora con las maquilas. No obstante, queda por ver la forma de explotación laboral más extendida y seguramente más aceptada que existe, que además ha tenido su auge con el desarrollo mismo del capitalismo moderno: la esclavitud animal.

En la modernidad aparece la noción de lo animal como máquina, desprovista de emociones, razón y voluntad, en otras palabras, “inhumana”. Como lo expone el historiador Jason Hribal, esta idea fue sustento del uso de animales en la naciente industria, en jerga marxiana pasaron a ser extensiones de la máquina, y particularmente de la industria de productos de origen animal, donde luego de producir lo máximo posible pasan a ser los productos. Así, otras especies animales tuvieron un papel protagonista en la revolución industrial. 

Con los avances tecnológicos, la fuerza de trabajo animal fue sustituída en gran medida, aún así es fácil pensar en productos de origen animal que implican la subordinación de sus vidas e incluso prácticas que persisten. No hace mucho era común ver en las calles de Bogotá carrozas de caballos, “zorras”, como lo muestra el siguiente fragmento, práctica que persiste en por lo menos 136 municipios. 

 

Programar Televisión (Productora). (1998). Noticiero de las siete N7 : 1983-2001. [Imágenes de caballos usados como vehículos de tracción animal]. Bogotá: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria,  BTCX60-064488.

 

Hablar de esclavitud refiere a que el trabajo que se da en condiciones precarias, con baja o nula remuneración y principalmente ante la imposibilidad de abandonarlo. El aprisionamiento ha sido la forma más común de consolidar la esclavización, pero no hay que pasar por alto que en los diferentes procesos de abolición de la esclavitud, que han sido graduales, las personas esclavizadas han adquirido la posibilidad de pagar su manumisión, y aún con ello su trabajo no ha dejado de considerarse esclavo hasta que “compren su libertad”, por lo que las barreras no son solo rejas y cadenas, sino obstáculos económicos, políticos y culturales.  

Muchas personas comunmente utilizan expresiones como “trabajar como negro” o “trabajar como caballo”. Podríamos considerar el trabajo animal como simplemente trabajo esclavo, pero Hribal señala que clasificarlo de esta forma ha pasado por desconocer la agencia de otras especies, en tanto se niega su capacidad de participar con intencionalidad de los procesos de producción de los que hacen parte. De manera similar ha sucedido con la esclavización humana, que ha “animalizado” a personas humanas, negando con palabras y prácticas su voluntad para decidir sobre la producción y sus condiciones. 

Animalizar ha significado, en lo que a trabajo se refiere, considerar objetos móviles a quienes producen. No obstante, como muestra la historia de los animales humanos y no humanos, su agencia se ha visto en las formas de resistirse escapando, trabajando menos y atacando a quienes los usan.


Autor: Camilo Fernández Jaimes

 

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Fecha de publicación original Sáb, 02/12/2023 - 15:00