Las históricas elecciones de 1930 en Colombia

1930, la elección que cambió a Colombia
Publicado el Dom, 07/06/2026 - 08:19 HISTORIA Y COYUNTURA POLÍTICA
1930, la elección que cambió a Colombia

Antes del nacimiento de los medios públicos, un contexto político y cultural fue determinante en la construcción del país que, junto con otros avances, los vio nacer. La elección de Enrique Olaya Herrera no solo significó el ascenso del primer presidente liberal del siglo XX, sino también una manifestación de confianza en las urnas como un vehículo de concertación entre distintos y de transformación profunda del país. 

Turbay, Gabriel. (1945). [El pueblo frente a la República Liberal]. En: Caudillos y muchedumbres. Manizales: Todelar. Archivo Señal Memoria, TDLR-RLQ-089852-01 

 

Agonía de la hegemonía 

Al finalizar los años 20, la Hegemonía Conservadora parecía invencible. Las formas de hacer política en Colombia comúnmente se basaban en la convivencia entre los partidos, en una opinión pública activa y pacífica, mientras que la transición al capitalismo generaba una relativa estabilidad y la prosperidad en sectores ligados a la industrialización. Pero al mismo tiempo, había unas instituciones controladas de forma absoluta por el Partido Conservador y sus ideologías (se recuerda el hecho de que entre 1914 y 1926 el candidato oficial de los azules y virtual presidente era nominado por el arzobispo de Bogotá Bernardo Herrera Restrepo). Y aquel régimen también vivía una fase de desgaste por el peso de la corrupción y el inmovilismo de sus maquinarias políticas, denunciados hasta por su propia militancia, y la respuesta represiva a las cada vez más numerosas demandas de movimientos sociales, cuyos eventos más dramáticos fueron la Masacre de las Bananeras y las jornadas de 1929 en Bogotá. 

En medio de las demandas desoídas de sectores obreros y campesinos, el Partido Conservador concurrió dividido a las urnas para 1930 entre las candidaturas de Alfredo Vásquez Cobo, veterano patricio de la Guerra de los Mil Días, y Guillermo Valencia, respetado intelectual cuya carrera deambulaba entre los poderes oficialistas y la disidencia. El arzobispo Herrera había muerto dos años antes y su sucesor, Ismael Perdomo, prefirió apartarse de la contienda. Según la Constitución, la presidencia se ganaba por mayoría simple (entonces no se hablaba de segunda vuelta, pues las mayorías holgadas del régimen la hacían innecesaria). Un liberalismo hasta entonces resignado a dividirse apoyando a candidatos o gobiernos conservadores, se planteó la oportunidad de por fin poner a un presidente salido de sus propias toldas. 

 

 

Noticiero de las 7. [Registro fílmico del discurso de Enrique Olaya Herrera]. Bogotá: Programar TV. Archivo Señal Memoria, UMT-217437 

 

La Concentración Nacional 

Para noviembre de 1929 se celebró en Bogotá la convención del liberalismo. Alfonso López Pumarejo, entonces un joven dandy célebre por sus críticas al régimen en el Senado, expresó sorpresivamente que debían prepararse para asumir el poder y semanas después postuló a Enrique Olaya Herrera, un líder moderado del liberalismo que llevaba varios años representando al país como embajador en Washington de los sucesivos gobiernos conservadores. La nominación fue el primer gran golpe de opinión: un nombre que por igual generaría entusiasmo entre la oposición y tranquilidad entre el régimen, además de ser el más joven de los candidatos. Las masas liberales se entusiasmaron y numerosos sectores obreros, estudiantiles y campesinos vieron allí la esperanza de realizar demandas que durante toda la década el régimen aplazó o respondió violentamente. Para enero se preparó la llegada de Olaya y una campaña relámpago que fue recibida por multitudes desde Barranquilla hasta la Plaza de Bolívar de Bogotá. En aquel clima de ilusión por una modernidad esquiva, fue la primera campaña política en la historia del país que aprovechó la aviación, el cine y la radio. 

Olaya, eso sí, sabía que no solo se enfrentaba a un régimen mayoritario, sino a un Estado que era todo conservador: el Ejército, la Policía, el Congreso, las altas cortes, los empleados oficiales, los jueces. Era necesaria una candidatura y un gobierno de “concentración nacional”, había que atraer el apoyo de conservadores y hasta de la izquierda de fuera del liberalismo. El expresidente Carlos E. Restrepo, quien lo tuvo de canciller, lideró aquella coalición a la que se adhirieron otros conservadores. La jugada resultó y Olaya ganó con más del 44 por ciento de los votos. Su política de concertación dio frutos en un momento en que la transición al capitalismo exigía una transformación política, administrativa y social del país. Ese ciclo reformista se logró con un congreso que hasta 1933 fue mayoritariamente conservador: la jornada laboral de ocho horas, la legalización del sindicalismo y la seguridad social, los derechos patrimoniales de las mujeres casadas, el acceso de la mujer a la universidad, la reforma electoral… 

Turbay, Gabriel. (1945). [Los gobiernos liberales]. En: Caudillos y muchedumbres. Manizales: Todelar. Archivo Señal Memoria, TDLR-RLQ-089852-01 

 

La generación del cambio 

El comprensible entusiasmo de la elección de Olaya se enfrentó a una realidad no tan entusiasta. La crisis fiscal, la enorme deuda y los coletazos de la crisis de 1929 dificultaban resolver las demandas sociales que llevaron a este gobierno al poder y la inestabilidad solo pareció aplazarse por el inesperado conflicto fronterizo con Perú de 1932. A pesar de las dificultades, estas primeras reformas se acompañaron de planes de obras públicas y de regulación del sector petrolero, que generarían empleo y que en el mediano plazo fortalecieron el mercado interno. Aunque los cambios aún no colmaban las expectativas de los sectores políticos y sociales que los pedían, fueron el primer paso para la liberalización del electorado y de las instituciones. Este proceso fue, además, una lección de madurez democrática, pues a pesar de las restricciones que aún regían sobre el derecho al voto, la ciudadanía participó de forma activa y logró una alternancia pacífica del poder. Fue la demostración de que sectores hasta entonces antagónicos podían unirse para cambiar la historia, no solo logrando un triunfo improbable en las urnas, sino también para materializar derechos sociales y atribuciones del Estado que casi un siglo después seguimos necesitando. 

Por: Felipe Arias Escobar

Fecha de publicación original Dom, 07/06/2026 - 08:19

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