Hace ocho décadas los colombianos acudieron a las urnas para definir la presidencia entre tres candidatos. La historia recuerda cómo la división liberal llevó al triunfo conservador, sin embargo, aquella no sería la única ruptura que el país vivió en ese momento crucial de su siglo XX.
Lleras, Alberto. (1946). Alocución con motivo de las elecciones. Bogotá: Radio Nacional. Archivo Señal Memoria, RDNC-DGW-038043-05
De la caída de López al ascenso de Gaitán
Desde 1930 la República Liberal estaba transformando de forma decisiva a Colombia: consagró la función social del Estado en reformas a la educación, el trabajo y las instituciones, fortaleció la democracia ampliando los derechos políticos y civiles de sectores anteriormente excluidos y propuso cambios más audaces en temas vetados durante décadas, como las relaciones Estado-Iglesia o el acceso a la propiedad de la tierra. Sin embargo, ese impulso reformista chocó con una dura realidad política: la cada vez más férrea oposición del conservatismo y del ala derecha del propio liberalismo, por un lado, y un régimen debilitado por escándalos de abuso de poder e intentonas golpistas, un desgaste que también sería capitalizado por facciones de ambos partidos.
En medio del desgaste interno y el acoso externo, Alfonso López Pumarejo puso fin a su segundo gobierno un año antes de lo previsto, en agosto de 1945, entregando la presidencia a su joven discípulo Alberto Lleras. No podía ser más difícil la coyuntura cuando, al mismo tiempo, un singular crítico del gobierno López manifestó su deseo de ser presidente. Era Jorge Eliécer Gaitán, quien había desarrollado una ascendente carrera política en medio de una relación ambigua con su partido: unas veces vocero del ala izquierda del liberalismo como congresista, alcalde de Bogotá y ministro, otras como un disidente que quiso fundar su propio movimiento en los años 30, la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria. Fue así como en septiembre de 1945 Gaitán lanzó su candidatura presidencial en un acto multitudinario que incluyó un discurso en La Santamaría, un desfile hasta la Plaza de Bolívar y críticas encendidas desde las páginas de El Tiempo y El Espectador.
La campaña que siguió ayudó a convertir al gaitanismo en una fuerza política de alcance nacional. También fue la oportunidad para que el caudillo comenzara a exponer ampliamente su tesis de que en el país había una oligarquía sostenida por la cúpula de ambos partidos, inconmovible ante las demandas de las masas populares.
Gaitán, Jorge Eliécer. (1946). [Alocución con motivo de las elecciones]. En: Girón, Jorge Eduardo (director). (ca. 1966). Caudillos y muchedumbres. Manizales: Todelar. Archivo Señal Memoria, TDLR-DGW-009840-01
La otra izquierda olvidada de 1946
El acto de Gaitán sorprendió al oficialismo liberal y a buena parte de sus bases, acostumbradas desde los años 20 a que las decisiones de esa trascendencia se concertaran en los cauces convencionales del partido. La reacción no se hizo esperar y las mayorías parlamentarias, las juventudes y la convención del partido nominaron al candidato Gabriel Turbay. Nacido en Bucaramanga de una familia de inmigrantes libaneses (sin parentesco con el presidente Julio César Turbay) y médico de la Universidad Nacional mientras trabajaba en el claustro como portero. También protagonizó en el Congreso los más recordados debates contra la Hegemonía Conservadora, para volverse artífice de muchas de las reformas de la República Liberal como ministro. Por el perfil del candidato, la decisión prometía un giro a la izquierda, al prometer el retorno de las reformas sociales emprendidas desde 1930 y desaceleradas bajo el gobierno de Eduardo Santos y la renuncia de López.
Y mientras Gaitán trabajaba al margen de la dirigencia del liberalismo, esa misma dirigencia poco hizo por la candidatura de Gabriel Turbay. El aspirante oficial llamó a la unidad del partido en torno a su candidatura y parecía obtenerla con las adhesiones que llegaban de los directorios departamentales y del Partido Comunista, bajo la ya conocida alianza de sectores democráticos que antecedió y acompañó la Segunda Guerra Mundial. Pero en la cúpula liberal decían otra cosa: la corta presidencia de Alberto Lleras sentenciaba el fin del apoyo del Estado al movimiento sindical y López acababa de proponer una candidatura de coalición liberal-conservadora para solventar la crisis política (fue la primera vez que se habló en Colombia de un “Frente Nacional”). Además, en un país enormemente parroquial, la candidatura de un hombre de origen árabe fue objeto de ataques xenófobos y racistas desde el conservatismo, pero también desde el gaitanismo. Para ahondar la división y de manera oportunista, Laureano Gómez publicaba en El Siglo elogios a la candidatura y la personalidad de Gaitán.
El ambiente no podía ser peor. En un absurdo recuerdo de los choques violentos entre liberales y conservadores durante las elecciones parlamentarias de los años 30, ahora eran turbayistas y gaitanistas los que se acusaban mutuamente de distribuir panfletos y agredir a sus simpatizantes.
Turbay, Gabriel. (1946). (1946). [Alocución con motivo de las elecciones]. En: Girón, Jorge Eduardo (director). (ca. 1966). Caudillos y muchedumbres. Manizales: Todelar. Archivo Señal Memoria, TDLR-DGW-009840-01
El retorno conservador con Ospina
El conservatismo, relegado electoralmente, no presentaba un candidato propio desde 1930. Pero como en ese mismo año en que Enrique Olaya Herrera aprovechó la división conservadora, la oportunidad era ideal para un aspirante azul. Fue así como un mes antes de las elecciones y bajo instancias de Laureano Gómez, la convención conservadora nominó a Mariano Ospina Pérez como su candidato. En una consolidación de la burguesía industrial, Ospina emergía como un candidato ideal: ingeniero de minas con una vida pública desarrollada principalmente en el sector privado, empresario del sector constructor y ejecutivo de la Federación de Cafeteros. Para el conservatismo, además, pesaba el símbolo de nominar a un sobrino del expresidente Pedro Nel Ospina y nieto de Mariano Ospina Rodríguez, fundador de su colectividad. Y por supuesto, algunos conservadores se sumarían con mayor entusiasmo a la campaña virulenta. De allí salió, por ejemplo, el libro El camino de Damasco donde Juan Roca Lemus atacó a Turbay con un lenguaje de preocupante inspiración fascista.
El 5 de mayo de 1946, finalmente, se sentenció la suerte del país. Ospina ganó por mayoría simple, mientras que el voto liberal que alcanzaba el sesenta por ciento se dividió entre Turbay y Gaitán, quien quedó de último. Gaitán arrasó en Bogotá y la región Caribe; Turbay en Medellín, Santander, el Valle del Cauca y el Tolima; con Ospina el conservatismo recuperó sus tradicionales bastiones de Antioquia, Nariño, Norte de Santander y Huila. López Pumarejo, recordaban sus contemporáneos, ese día ni siquiera salió a votar. Económicamente, el perfil de Ospina sería bien recibido por buena parte de un empresariado que venía de disfrutar la segunda ola de industrialización. Socialmente, se vendría una política agresiva contra los movimientos sociales como no se veía en dos décadas. Políticamente, un conservatismo empoderado arreció el sectarismo que hundió al país en la conocida Violencia bipartidista. Turbay, por su parte, murió en París en 1947, deprimido y solo tras no haber podido revivir el proyecto del liberalismo. Gaitán, todos recordamos, fue asesinado un año después de haberse convertido en el jefe del Partido Liberal.
Ospina Pérez, Mariano. (1946). [Alocución con motivo de las elecciones]. En: Girón, Jorge Eduardo (director). (ca. 1966). Caudillos y muchedumbres. Manizales: Todelar. Archivo Señal Memoria, TDLR-DGW-009840-01
Las elecciones bailables
La República Liberal también coincidió con una trasformación del país por medio de la tecnología. Así como la radio, el cine y la industria fonográfica influyeron en las formas del ocio y la cultura de los colombianos, también fueron los vehículos por excelencia de la vida política. La radio fue usada para emitir las convenciones de los partidos y las conferencias de los candidatos, incluso el gobierno de Alberto Lleras invitó por primera vez a unos aspirantes presidenciales a una alocución conjunta por la Radio Nacional, cuyos fragmentos acompañan este artículo. Los noticieros cinematográficos de los Acevedo, tan útiles a los gobiernos de Olaya y López, filmaron la candidatura de Gaitán en un documento de enorme valor histórico.
La música popular también fue una necesidad en las campañas liberales que buscaban el apoyo de las masas obreras y campesinas, misión que nos dejó los discos “A la carga” de Pacho Galán grabado por Eduardo Armani, el porro “Gaitán es el hombre” de José Barros y el merengue “Gabriel Turbay” de Toño Fuentes.
*Sobre esta histórica coyuntura, recomendamos los libros Mataron a Gaitán de Herbert Braun y El presidente que no fue de Olga González.
Por: Felipe Arias Escobar
