Voces del Amazonas: la selva también es humana | Señal Memoria

Amazonas
Publicado el Lun, 11/12/2023 - 09:19 CULTURA Y SOCIEDAD
Voces del Amazonas: la selva también es humana

El Amazonas no solo es un tesoro para el planeta por su biodiversidad o las riquezas de la quinta parte del agua dulce que corre por el mundo. Lo es también por la presencia humana que por miles de años se ha asentado en esos siete millones de kilómetros cuadrados de selvas. Sus voces también son las voces del Amazonas, el nombre que hemos querido darle a una serie pódcast de Señal Memoria, dedicada a las gentes que han nutrido el patrimonio cultural de Colombia. Narrar, hablar, habitar y recuperar la selva son los cuatro episodios que encierran siglos de herencias culturales que a veces se han expresado también en nuestro archivo.


 Señal Memoria. (2023). Voces del Amazonas (fragmento)

Foto: María Camila Infante. (2023). Señal Memoria

 

Una selva para narrar de muchas formas

“¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde?”, decía hace un siglo José Eustasio Rivera en su monumental novela La vorágine. Una obra que sirvió para enseñarle al mundo cómo la inmensidad de la selva despierta la palabra del ser humano. Una palabra, además, que se expresó en medio del boom de la cauchería, un sistema económico que desencadenó una de las experiencias más voraces de explotación de los recursos naturales y de las y los habitantes de la selva amazónica. Una tragedia que desató el exterminio de cientos de miles de hombres y mujeres en Colombia y Perú. Con las luces y sombras del ser humano, la selva es un lugar donde habita la palabra. Y también es un relato político, como consta en los proyectos de levantar una cartografía de la región cuyas fronteras eran permanentemente disputadas por élites políticas y económicas, alimentando hasta el presente mitos de pérdidas territoriales.

La selva aparece de muchas formas en la literatura suramericana, por supuesto. Pero muchas formas significan que de la selva no solo hablan la visión occidental o la escritura alfabética. Lo hacen también las literaturas orales e indígenas o de complementos entre una producción visual en tintes corporales, arquitectura, textiles, petroglifos o prácticas rituales, la cual trasciende hacia las tradiciones literarias de los pueblos indígenas. La selva es el lugar que alimenta a las sociedades, que produce vida, pero que también produce la ambigüedad de emociones y sentimientos del ser humano. En numerosas tradiciones orales la selva amazónica es un gran árbol que provee de abundancia a toda la naturaleza de la región, el cual al derrumbarse se convierte en el gran río.

Más de la mitad de las 69 lenguas reconocidas en Colombia se hablan hoy en la región amazónica, 39 en total. Pero esa diversidad no es necesariamente estable ni uniforme. De la lengua andaquí, por ejemplo, solo sabemos por unos pocos escritos del siglo XIX, mientras que la lengua tinigua hoy solo es hablada por una persona. Esa herencia de conservación tan variable resume las historias de un poblamiento de miles de años, donde hombres y mujeres habitaron lo que hoy es un territorio agreste para la arqueología, pero que nos da pistas del poblamiento de América y de las transiciones entre cazadores-recolectores y agricultores.

La conservación de estas lenguas tiene también sus matices, porque la vitalidad del idioma no solo depende de que haya hombres y mujeres hablándolas a diario. Algunos pueblos lo hacen, pero han perdido sus rituales tradicionales, por ejemplo, lo cual significa una extinción de sus saberes y de los códigos por los cuales transmitían sus conocimientos. Y que esas lenguas existan, permiten al resto de la humanidad entender como existen formas únicas de conectarse discursivamente con el mundo.

 

Señal Memoria. (2023). Voces del Amazonas.

Foto: María Camila Infante. (2023). Señal Memoria

 

Una selva para renacer 

Ya estamos completando el primer cuarto del siglo XXI, en este momento la Amazonia colombiana ha superado por primera vez en su historia un millón de habitantes, la mitad de los que hoy tiene la ciudad brasileña de Manaos, el gran centro urbano de la región desde principios del siglo XX. Del lado colombiano difícilmente se tendrá una ciudad de esas dimensiones, pero una ciudad como Florencia, capital del Caquetá, superó hace tiempo la cifra histórica de ciento cincuenta mil habitantes, mientras que Puerto Asís en el Putumayo ya pasó el umbral de los cien mil. Detrás de este poblamiento están las historias de colonos que, actuando conforme a sus ideas y al momento histórico que vivían, viajaron a la selva amazónica a lo largo del siglo XX, la poblaron y se arraigaron en ella.

La colonización es hoy, sin embargo, tan diversa como las lenguas o las literaturas. Hay una colonización agraria que se expande por el piedemonte y el extremo noroccidental y occidental de la selva (Caquetá, Putumayo y Guaviare), donde además de siente la impronta cultural de su vecindad con Nariño, Huila o los Llanos Orientales. Al extremo oriental (Guainía, Vaupés, Amazonas) no hay una colonización agraria, pues la expansión tiene que ver con la extracción de recursos naturales y minero-energéticos, en una continuidad histórica de la vieja “fiebre del caucho”. Ambos conjuntos de historias tienen en común experiencias de choque, pero también de intercambio con las sociedades indígenas y donde el intercambio interétnico hace parte esencial de la cultura, el cual se acentuó con la “reindianización” que algunas comunidades emprendieron tras la Constitución de 1991.

Sin embargo, el abandono del estado convirtió a la frontera amazónica en un escenario de la guerra, de sus actores, de su financiación y por supuesto de sus víctimas. La guerra llegó con una política agraria del estado que desde los años 70 decidió no tenerlos en cuenta, con un narcotráfico que hijo a los colonos presa fácil de sus esperanzas de prosperidad, con las disputas que los grupos armados empezaron a hacer de las rutas de comercialización de la cocaína o con el acoso a los grupos políticos que desde 1988 encontraron en la elección popular de alcaldes el sueño de tener una sociedad más democrática. Allí el narcotráfico, las guerrillas y el paramilitarismo instalaron enclaves que buscaron controlar o reprimir al colono, en una presión que fue decisiva en el recrudecimiento del Conflicto en los años 90 y en la ofensiva del Estado alentada en los 2000 por el Plan Colombia y la presión estadounidense.

Hemos supuesto por años que el Conflicto está por fuera de la gente y su resolución está por fuera de esa misma gente. En la región amazónica se cruza la presión de un mercado global, del caucho de hace un siglo a la coca de las últimas cuatro décadas, al cual las comunidades de la selva han aprendido a integrarse. Pero también se cruza una relación desigual con un Estado que ha integrado la región como un escenario de conflicto, creando una ciudadanía de segunda categoría en la que no siempre la comunidad se convierte en un sujeto activo. Allí, tal vez incluso con más urgencia, también habita ese proceso de darle voz a una experiencia humana de renacimiento y de esa búsqueda de un lugar bajo el sol que ha sido hacerse humano en ese conjunto de voces que es también la selva. 

Señal Memoria. (2023). Voces del Amazonas (fragmento)

 

amazonas foto

Foto: María Camila Infante. (2023). Señal Memoria

 

*Muchas gracias a las profesoras Katherine Bolaños, Margarita Chaves y Estefanía Ciro y al profesor Miguel Rocha por compartirnos el conocimiento que hizo posible este artículo.

 


Autor: Felipe Arias Escobar

 

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Fecha de publicación original Lun, 11/12/2023 - 09:19