Luchas campesinas por la tierra en Colombia

Publicado el Vie, 17/04/2026 - 16:05 HISTORIA Y COYUNTURA POLÍTICA
La tierra sigue en disputa

La tierra en disputa en Colombia pasa por la ANUC y por la historia del campesinado como sujeto político, desde los años setenta hasta hoy.

El 21 de febrero de 1971, en distintos puntos del país, desde el Caribe hasta los valles interandinos, comenzaron a moverse grupos de campesinos hacia haciendas que durante años habían permanecido improductivas. En trece departamentos, cerca de 16.000 familias participaron en la ocupación simultánea de 316 fincas, en una jornada impulsada por la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), donde familias enteras avanzaban juntas, reconocían los linderos, ingresaban a tierras que habían trabajado antes y se reunían en una acción compartida en la que tomaba forma un principio que ya circulaba en el movimiento campesino “la tierra es de quien la trabaja”.

A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, la cuestión agraria ha configurado una de las estructuras más estables de desigualdad en el país, una forma de organización de la vida social en la que la concentración de la tierra articula relaciones de poder, acceso a recursos y condiciones de exclusión. En ese sentido, como ha señalado el antropólogo Darío Fajardo, la tierra no se limita a su dimensión productiva, sino que organiza el conjunto de relaciones que estructuran el campo.En ese horizonte, este recorrido permite observar cómo esa estructura ha sido disputada, reconfigurada y sostenida a través de la organización campesina en distintos momentos históricos. Cada 17 de abril, en el Día Internacional de las Luchas Campesinas, esta historia adquiere una resonancia particular en Colombia, donde hablar de la tierra conduce necesariamente a las trayectorias de quienes la han trabajado, defendido y disputado.

Bermúdez, Raquel (directora). (1988). Protagonista, el pueblo: Tiendas campesinas – Risaralda. [Serie documental]. Colombia: Audiovisuales. Archivo Señal Memoria, C1P-242823

A partir de estas trayectorias, el campesinado se configura como un sujeto político que interviene en la forma en que esas estructuras se sostienen y se transforman. Uno de los momentos más intensos de ese proceso se dio con la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) a finales de la década de 1960, en un contexto en el que la organización campesina comenzaba a adquirir una escala nacional. De hecho, el sociólogo Orlando Fals Borda, cercano a estos procesos, entendía esta forma de organización como una práctica colectiva que producía conocimiento y acción en el mismo movimiento.

La ANUC se inscribe en el marco de la reforma agraria impulsada por el Estado, especialmente a partir de la Ley 135 de 1961 y la creación del entonces INCORA - Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, en un momento en que el campo se pensaba como un espacio central para el desarrollo nacional. En ese contexto, la ANUC no solo se expandió, sino que se consolidó como una de las principales formas de organización política del campesinado en el país, articulando asociaciones locales y departamentales en una estructura nacional que llegó a representar a cerca de un millón de personas. En ese proceso, la tierra adquirió un lugar central como horizonte común de acción.

Y las tomas de tierra de 1971 marcan uno de los puntos más altos de esa movilización. Ese mismo año, sectores de la ANUC consolidaron una plataforma agraria que incluía la reforma agraria integral, la expropiación de grandes latifundios y el fortalecimiento de formas cooperativas de producción. Estas demandas ampliaron el horizonte del movimiento campesino y situaron la tierra en el centro de una disputa abierta. Este momento marca un punto de inflexión en la trayectoria de la ANUC y en las formas de organización de la disputa por la tierra en el país. El 9 de enero de 1972, en Chicoral, Tolima, congresistas de los partidos Liberal y Conservador acordaron una reforma a la Ley 135 de 1961 que redefinió el rumbo de la política agraria en el país: se limitaron los mecanismos de expropiación del latifundio improductivo y se priorizó la explotación empresarial de la tierra. Esta reconfiguración fue leída por amplios sectores del movimiento campesino como un cierre o un sabotaje a las transformaciones que venían tomando forma y como una modificación sustantiva de las condiciones en las que se disputaba el acceso a la tierra.

Tras este reordenamiento, las disputas por la tierra se desarrollaron en condiciones cada vez más restrictivas y complejas para la organización campesina. El historiador Gonzalo Sánchez ha señalado que la violencia en Colombia ha incidido de manera profunda en el tejido social, afectando la continuidad de las formas de acción colectiva. En el caso de la ANUC, estos procesos se expresaron en amenazas, asesinatos, desplazamientos y transformaciones en su estructura organizativa, con efectos que alcanzaron también la transmisión de experiencias, saberes y formas de liderazgo.

A pesar de estas condiciones, las formas organizativas han persistido en distintos territorios, reconfigurándose en función de las dinámicas locales y de las transformaciones del conflicto. Durante los años noventa y los primeros años del siglo XXI, muchas de estas experiencias adoptaron estrategias de bajo perfil en medio de escenarios de alta violencia; en años recientes, la organización ha recuperado visibilidad pública y ha situado sus demandas en procesos de reconocimiento como sujeto de reparación colectiva en el marco de la Ley 1448 de 2011. Esta persistencia permite entender que la ANUC y otras formas organizativas campesinas no desaparecen, sino que se transforman en relación con las condiciones históricas, manteniendo la tierra como eje de sus luchas. Este recorrido permite leer el presente como un espacio en el que la tierra sigue organizando desigualdades y disputas por el territorio, en medio de la coexistencia de modelos agroindustriales, economías extractivas y formas de vida campesina, cuyas tensiones permanecen abiertas.

 

Satizábal Ordóñez, José (director). (2000). ¡No más! El magazín de la paz: Consejos de paz. [Magazín]. Colombia: Universidad Nacional Televisión / Inravisión – Señal Colombia. Archivo Señal Memoria, BTCX30-000260

En este proceso, la experiencia organizativa también ha incidido en la forma en que el campesinado se nombra y se reconoce como sujeto político. En ese marco, la memoria y la identidad campesina configuran un campo en el que esa experiencia se reorganiza y se proyecta en el tiempo. El informe “Tomamos la decisión de ser campesinos” del Centro Nacional de Memoria Histórica reconstruye cómo estas dinámicas inciden en la configuración de la identidad de la organización, en la que lo campesino se afirma como una forma de relación con la tierra, el trabajo y la vida colectiva.

En ese mismo movimiento, el campesinado aparece como un sujeto que se nombra y se redefine en relación con estas transformaciones, en un proceso en el que las formas de nombrarse se entrelazan con las condiciones en que se vive, se trabaja y se organiza el territorio. En esta línea, como sugiere la antropóloga Maite Yie, estas categorías se configuran en el terreno de las disputas por el reconocimiento y por el lugar que ocupan en la vida social. En Colombia, esta discusión se expresa en definiciones que sitúan al campesinado como un sujeto intercultural, vinculado al trabajo directo con la tierra y a formas de organización sostenidas en relaciones familiares y comunitarias.

Desde esta perspectiva, las formas de vida campesinas se inscriben en las condiciones del presente, en diálogo con los desafíos que atraviesan el país. Como plantea la antropóloga Alhena Caicedo Fernández, en estas prácticas se despliegan maneras de habitar el territorio, producir alimentos y sostener la vida colectiva que participan activamente en la construcción de alternativas frente a las crisis climáticas, sociales y económicas contemporáneas. Volver al 17 de abril desde este recorrido permite situar la lucha campesina en una historia en curso, en la que la tierra sigue ocupando un lugar central y en la que las formas de organización orientadas a transformarla se inscriben en las disputas del presente, donde el campesinado continúa afirmándose como sujeto político en torno a la tierra como eje de conflicto, organización y vida colectiva.

Por: Laura Vera Jaramillo

Fecha de publicación original Vie, 17/04/2026 - 16:05