Calarcá o el fin de la resistencia pijao | Señal Memoria

Publicado el Lun, 16/05/2022 - 13:14
Calarcá o el fin de la resistencia pijao
Calarcá
Archivo Señal Memoria de RTVC. Diseño gráfico: Karen López para Señal Memoria de RTVC

En la memoria histórica del Tolima y del Quindío sobresale la figura de Calarcá, un cacique pijao que acompañó la resistencia de algunos de los pueblos indígenas que habitaban la región contra la ocupación española y de quien tomó su nombre un municipio colombiano. Su trágica muerte en 1607 ha alimentado leyendas sobre la supervivencia de la cultura pijao y la afirmación de la autoridad colonial.

Los pijaos según la historia

A principios del siglo XVII el río Magdalena atestiguaba que la Conquista española de la Nueva Granada era una empresa inconclusa. El control de los españoles de la principal vía de comunicación del Nuevo Reino era disputado con los indígenas que periódicamente atacaban las nuevas poblaciones establecidas por los invasores.

Entre estos pueblos estaban los pijaos, nombre que se usó desde el tiempo de aquella guerra para designar a pueblos más o menos unidos por afinidades económicas, lingüísticas y culturales, al tiempo que los cohesionaba el estigma del invasor, el cual los consideraba belicosos, incultos e insumisos. Tal visión venía acompañada de un forzado contraste con los muiscas de las tierras altas, considerados por los españoles “más parecidos a ellos”, por su aparente centralización política, la rapidez de su sometimiento y la riqueza de sus recursos.

Estos factores hicieron que la guerra desatada a principios del siglo XVII no fuera una más, sino que influyera de forma decisiva en el destino y la percepción que la posteridad haría de los pijaos. Las tropas del presidente Juan de Borja, aliadas con algunos cacicazgos indígenas lograrían en una década destruir el aparato productivo de los pueblos levantados, empobreciéndolos, aislándolos geográficamente y disminuyendo su población. Fray Pedro Simón, capellán de las tropas del Rey asentadas en Chaparral, escribiría su memoria de esta guerra, dejando al calor de la violencia descripciones aterradoras sobre el supuesto carácter de los pijaos (la acusación de canibalismo, repetida durante más de cuatro siglos, viene de allí). 

Parece que hacia 1615 el río Magdalena, las minas de Mariquita y el estratégico camino de Ibagué que conectaba a Popayán con Santafé, ya estaba controlado por los españoles, mientras que la mayoría de indígenas de la región ya se consideraban reducidos en pueblos y en vía de ser adoctrinados por la religión católica.

 

Oliveros, N. (2011). Historia central: Ibagué. Colombia: Señal Colombia. Archivo Señal Memoria, DV 262838 Calarcá: entre historia y leyenda

 

Calarcá: entre historia y leyenda

En la memoria de aquella tragedia para los pueblos pijaos sobresale el recuerdo de Calarcá, un cacique que acompañó a los alzados y que murió en medio de un combate en 1607. A pesar de la derrota de su pueblo, su mención en las crónicas y la tradición oral le dio un aura especial: corrió por siglos la versión que decía que Calarcá unificó a los cacicazgos pijaos y los acaudilló en la guerra y que su muerte se dio en medio del último combate entre pijaos y españoles y que, para darle más visos de epopeya al episodio, su final vino de manos de Baltasar, otro cacique aliado de los españoles, quien lo laceró con una lanza que por muchos años fue exhibida en la iglesia de Ibagué (hoy catedral) como reliquia de aquella guerra santa. Como si nos faltaran tragedias, Baltasar mató a Calarcá en represalia por haberle dado muerte al bebé que este había concebido con una dama española (la leyenda de marras dice que también se lo comió).

Sin embargo, desde los años cincuenta el historiador Manuel Lucena Salmoral, cotejando la tradición, la crónica del fraile Simón y los documentos de la Real Audiencia, dejó para la posteridad una versión revisada de este martirio. Los pijaos nunca unificaron su mando, luego, Calarcá era uno más de sus caciques; este último murió, efectivamente, pero por un arma de fuego disparada por los soldados del capitán criollo Diego de Ospina (uno de los fundadores de Neiva); por último, su trágica muerte no fue en un combate decisivo sino en una escaramuza ocurrida en mitad del conflicto.

Pero más allá de la claridad de los documentos, hay un lugar construido de Calarcá en la memoria de la región y del país por más de cuatro siglos. Al invasor le convenía magnificar su triunfo, tal como pasó en el siglo anterior con muiscas y zenúes; en aquellos años barrocos, el miedo de los cristianos también magnificaba la violencia del enemigo (nació, por ejemplo, la leyenda de que la guerra se reanudaría si Ibagué perdía la santa lanza que mató al cacique). Por último, una naciente sociedad colonial, necesitada de reinventarse a sí misma, también creó desde abajo sus propias visiones del suceso, en donde Calarcá también podría recordarse como un héroe, un símbolo de resistencia y un nombre para un pueblo que, aunque diezmado y estigmatizado, dejó saberes que supieron sobrevivir en la cultura popular colombiana.


Autor: Felipe Arias Escobar

 

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Fecha de publicación original Lun, 16/05/2022 - 13:14
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