San Basilio de Palenque y la resistencia afrocolombiana

San Basilio de Palenque en la resistencia afrocolombiana
Publicado el Jue, 21/05/2026 - 19:32 CULTURA Y SOCIEDAD
San Basilio de Palenque en la resistencia afrocolombiana

A partir del episodio Mini Kusuto (1997), dirigido por Teresa Saldarriaga dentro de la serie documental Mayeeley para todos, este artículo propone una reflexión sobre San Basilio de Palenque como territorio atravesado por memorias de autonomía, disputas por la tierra y formas colectivas de transmisión cultural. La lengua palenquera, la música, la oralidad y los espacios comunitarios aparecen aquí como prácticas vivas que han sostenido procesos de continuidad histórica frente al despojo, la racialización y las transformaciones del territorio en los Montes de María. 

En San Basilio de Palenque nacieron las voces de Rafael Cassiani y del Sexteto Tabalá. Allí tomó forma una lengua criolla que todavía organiza la vida cotidiana de la comunidad, una tradición musical atravesada por tambores, cantos y rituales funerarios, y una memoria colectiva sostenida durante siglos a través de la oralidad y las relaciones comunitarias. También es la tierra de Antonio Cervantes, Kid Pambelé, figura decisiva del boxeo colombiano, y de generaciones de maestras, sabedores, cantadoras y procesos organizativos que han convertido a Palenque en uno de los territorios más importantes para comprender la experiencia afrocolombiana en el país.

Cada 21 de mayo, durante el Día de la Afrocolombianidad, las imágenes que circulan sobre Palenque suelen concentrarse en aquello que el país reconoce más fácilmente: las palenqueras, los tambores, las fiestas tradicionales, la lengua, el patrimonio cultural. Esa dimensión resulta fundamental. Sin embargo, mirar hoy a Palenque implica también entrar en otras capas históricas que permiten comprender la profundidad política y territorial de esa memoria afrodescendiente. Palenque también es un territorio atravesado por disputas históricas alrededor de la autonomía, la tierra, la transmisión de la memoria y las formas colectivas de sostener la vida comunitaria frente a distintos procesos de exclusión y violencia. 

A pocos kilómetros de Cartagena, entre los Montes de María y las rutas que conectan el Caribe con el interior del país, Palenque concentra una historia marcada por el cimarronaje y por las comunidades negras que escaparon del sistema esclavista colonial. Durante siglos, la memoria de Benkos Biohó y de los procesos de autonomía construidos por las comunidades cimarronas ha ocupado un lugar central dentro de la historia palenquera. Sin embargo, reducir la experiencia histórica del territorio a la idea del “primer pueblo libre de América” deja por fuera gran parte de las transformaciones sociales, territoriales y económicas que atravesaron la vida comunitaria mucho después de la colonia. 

Investigaciones históricas y antropológicas desarrolladas durante décadas por autoras como Nina S. de Friedemann permitieron mostrar justamente esa complejidad. Palenque no permaneció congelado en una resistencia abstracta ni en una imagen inmóvil del pasado africano. La comunidad construyó formas propias de organización territorial, redes de parentesco, sistemas agrícolas y relaciones económicas profundamente vinculadas a las transformaciones históricas del Caribe colombiano. Las disputas por la tierra, la expansión ganadera, la fragmentación progresiva del territorio comunal y las presiones económicas externas alteraron de manera profunda las formas tradicionales de vida comunitaria. 

Esa dimensión territorial resulta decisiva para comprender la historia reciente de Palenque. Los informes del Observatorio de Territorios Étnicos y de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad muestran cómo el conflicto armado impactó un territorio que ya enfrentaba procesos históricos de despojo y exclusión. La expansión agroindustrial, las dificultades para el reconocimiento pleno de la propiedad colectiva y la reducción progresiva de las tierras ancestrales modificaron profundamente la relación de la comunidad con el territorio mucho antes de la intensificación de la violencia armada en los Montes de María.

Durante los años noventa y dos mil, la región quedó atravesada por la disputa entre guerrillas, paramilitares y fuerza pública. Esa confrontación reorganizó la vida cotidiana de las comunidades que habitaban la zona. Los caminos comenzaron a volverse peligrosos, muchas familias modificaron sus recorridos habituales y las formas de encuentro comunitario empezaron a verse afectadas por el miedo y las restricciones sobre la movilidad. La guerra alteró mucho más que las condiciones de seguridad física del territorio. Transformó relaciones sociales, formas de circulación, vínculos con la tierra y dinámicas históricas de transmisión cultural sostenidas alrededor de la oralidad y los espacios colectivos. 

El caso de La Bonga, reconstruido por la Comisión de la Verdad, permite comprender con claridad la profundidad de esas transformaciones. El desplazamiento no implicó únicamente la pérdida de viviendas o parcelas agrícolas. También produjo la ruptura de formas históricas de habitar el territorio. Muchas familias desplazadas describen cómo la vida urbana alteró ritmos cotidianos, relaciones de vecindad y prácticas comunitarias que durante generaciones habían organizado la experiencia colectiva del espacio. La distancia entre el trabajo y la vivienda, la fragmentación de las redes familiares y las nuevas condiciones económicas modificaron profundamente la relación de la comunidad con su propia memoria territorial.

 

 

 Mayeeley para todos: Mini Kusuto. Teresa Saldarriaga (Directora). 1997. Archivo Señal Memoria, BTCX30-009151. 

 

En ese contexto, las prácticas culturales adquieren una dimensión distinta. La lengua palenquera, la música tradicional, los lumbalúes, los sextetos y las formas de oralidad dejan de aparecer únicamente como expresiones patrimoniales o folclóricas. Funcionan también como espacios donde se preservan relaciones históricas, memorias familiares y formas colectivas de transmisión cultural construidas a lo largo de generaciones. Allí la música no opera simplemente como representación artística: organiza encuentros, activa las memorias compartidas y mantiene vínculos comunitarios profundamente ligados al territorio. 

Ese aspecto aparece con enorme claridad en los materiales audiovisuales realizados en Palenque durante los años noventa. La serie documental Mayeeley para todos y su episodio Mini Kusuto, dirigidos por Teresa Saldarriaga en 1997, registran conversaciones, escenas cotidianas y prácticas comunitarias alrededor de la lengua palenquera, la música tradicional y los procesos de etnoeducación impulsados por la propia comunidad. Las cámaras recorren patios, calles y espacios colectivos donde el conocimiento circula como parte de la vida diaria. Maestras, músicos y habitantes hablan de la importancia de enseñar la lengua a las nuevas generaciones y de preservar formas de memoria transmitidas a través del sonido, la oralidad y los vínculos comunitarios.   

                                

  

 Mayeeley para todos: Mini Kusuto. Teresa Saldarriaga (Directora). 1997. Archivo Señal Memoria, BTCX30-009151. 

 

Sin embargo, en Palenque, la memoria colectiva no depende exclusivamente de documentos escritos o archivos institucionales. Circula en los cantos, en las conversaciones familiares, en los rituales funerarios, en las formas de nombrar el territorio y en las prácticas cotidianas de transmisión oral. La lengua palenquera constituye quizás uno de los ejemplos más potentes de esa continuidad histórica. Más que una curiosidad lingüística, el palenquero conserva huellas materiales de los procesos de esclavización, desplazamiento y reorganización comunitaria que atravesaron el Caribe colonial. 

Durante décadas, además, la lengua fue objeto de estigmatización. Muchos habitantes de Palenque crecieron escuchando que hablar palenquero era signo de atraso o falta de educación. Por eso los procesos contemporáneos de revitalización lingüística y etnoeducación poseen una dimensión política profundamente importante. Enseñar la lengua implica también disputar formas históricas de invisibilización racial y afirmar la legitimidad de memorias y saberes afrodescendientes dentro de la historia nacional. Esa tensión entre reconocimiento y exclusión atraviesa buena parte de la experiencia contemporánea de Palenque. Mientras el territorio se consolidaba internacionalmente como patrimonio cultural de la humanidad ante la UNESCO, persistían profundas desigualdades económicas, precariedad estatal y conflictos alrededor de la tierra. Allí emerge una de las preguntas más complejas que acompañan hoy las discusiones sobre patrimonio y memoria afrocolombiana: qué ocurre cuando una comunidad históricamente marginada entra al centro de la representación nacional principalmente como símbolo cultural, mientras continúan las disputas materiales y territoriales que han atravesado su historia durante siglos. 

Volver hoy sobre Palenque en el marco del Día de la Afrocolombianidad implica justamente ampliar la manera en que pensamos esa fecha y las memorias que convoca. Las imágenes patrimoniales forman parte de esa historia, pero no alcanzan a contener toda su complejidad. En Palenque permanecen preguntas fundamentales sobre territorio, racialización, memoria, transmisión cultural y organización comunitaria que siguen siendo decisivas para comprender la historia colombiana contemporánea. Allí, la lengua, la música y la oralidad continúan funcionando como formas vivas de continuidad histórica, construidas por comunidades que han sostenido sus memorias y sus formas de vida en medio de largos procesos de exclusión, transformación territorial y resistencia colectiva. 

Por: Laura Vera Jaramillo

Fecha de publicación original Jue, 21/05/2026 - 19:32