Las luchas que hicieron posible el Orgullo LBTIQ+

¡Más orgullosxs que nunca!
Publicado el Dom, 28/06/2026 - 22:03 CULTURA Y SOCIEDAD
¡Más orgullosxs que nunca!

¿Qué significa celebrar el Orgullo en un momento en que derechos que parecían consolidados vuelven a ser objeto de disputa? A partir de tres materiales de archivo conservados por Señal Memoria, este artículo reflexiona sobre las luchas que ampliaron el reconocimiento y la ciudadanía de las personas LGBTIQ+ en Colombia. 

 

Cada junio, las banderas multicolores vuelven a ocupar calles, plazas, instituciones culturales y espacios públicos alrededor del mundo. La celebración del Orgullo convoca marchas, encuentros y conversaciones que reivindican la diversidad sexual y de género como parte de la vida democrática. Sin embargo, esta conmemoración adquiere una resonancia particular en un momento histórico marcado por el resurgimiento de discursos de exclusión, el fortalecimiento de movimientos antiderechos y la reaparición de debates que vuelven a poner en cuestión derechos que durante décadas parecían avances consolidados. 

 

La memoria permite comprender que los derechos nunca aparecen de manera espontánea ni permanecen garantizados por inercia. Cada uno de ellos condensa décadas de movilización social, litigios estratégicos, transformaciones culturales y debates que ampliaron progresivamente el significado de la ciudadanía. El archivo audiovisual conserva la huella de muchos de esos procesos. Sus imágenes reúnen preguntas que alguna vez ocuparon titulares de prensa, debates judiciales y conversaciones públicas, aunque hoy parezcan lejanas. Volver a ellas permite advertir la velocidad con la que una sociedad transforma aquello que considera aceptable, legítimo o posible. También revela que las conquistas democráticas poseen una historia concreta: nacen de conflictos, encuentran resistencias y modifican, paulatinamente, las condiciones desde las cuales las personas participan de la vida social. 

 

Tres materiales audiovisuales conservados por Señal Memoria, producidos durante la década de los noventa, permiten recorrer parte de esa historia reciente. Sus imágenes muestran una época en la que la orientación sexual podía condicionar el acceso al trabajo, el reconocimiento social o la participación en la vida pública. Hacer visible la propia identidad implicaba enfrentar prejuicios persistentes en un contexto donde la igualdad jurídica y el reconocimiento cultural apenas comenzaban a abrirse camino. 

 

Uno de ellos presenta el caso de una profesora que acudió a la justicia para defender su derecho a ejercer la docencia siendo homosexual. El caso revela un momento en el que la orientación sexual podía convertirse en argumento suficiente para cuestionar la idoneidad profesional de una persona. 

 

Orozco, Cecilia (directora). (1998). Noticiero de las siete N7. [Emisión: Docente lesbiana defiende su inclinación sexual]. [Programa informativo]. Colombia: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-064519 CLIP 2. 

 

Un segundo material recoge las reacciones que produjo la discusión sobre la homosexualidad en el fútbol profesional. En una entrevista, un futbolista argentino que jugaba en Colombia recordaba una afirmación atribuida a un director técnico: «Si Maradona fuera homosexual, ¿quién no quisiera tenerlo en su equipo?». 

 

 

(1997). Declaraciones de jugador con respecto al tema de la homosexualidad en el fútbol. [Pregrabado (Rushes)]. Colombia: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-064278. 

 

El tercero presenta a Tatiana de la Tierra, escritora, poeta y activista colombiana radicada en Estados Unidos. Su testimonio introduce otra dimensión de la experiencia LGBTIQ+: la construcción de una voz propia frente al miedo, la migración y el silencio. 

 

(1994). Noticiero de las siete N7. [Tatiana de la Tierra, activista LGBTI y escritora en Miami sobre la promoción de derechos y desafíos en Estados Unidos y Colombia]. [Programa informativo]. Colombia: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-063926. 

 

Estos tres materiales permiten observar una transformación histórica de mayor alcance. Las experiencias que documentan trascienden las historias individuales y forman parte de un proceso colectivo mediante el cual las personas LGBTIQ+ comenzaron a disputar los límites de la exclusión y a reclamar el reconocimiento de derechos fundamentales. Durante buena parte del siglo XX, las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans enfrentaron distintas formas de criminalización jurídica, patologización médica, persecución policial, exclusión laboral y censura cultural. Frente a ese panorama, los movimientos sociales impulsaron estrategias que articularon movilización política, producción intelectual, litigio constitucional y pedagogía pública para ampliar las condiciones de igualdad. En Colombia, ese proceso adquirió mayor visibilidad durante la década de 1970 con la conformación del Movimiento de Liberación Homosexual Colombiano, impulsado por figuras como León Zuleta y Manuel Velandia. Sus acciones abrieron un espacio político inédito para discutir la relación entre diversidad sexual, ciudadanía y derechos. 

 

La Constitución Política de 1991 abrió un nuevo horizonte para estas discusiones al fortalecer la protección de los derechos fundamentales y consolidar la igualdad y el libre desarrollo de la personalidad como principios constitucionales. A partir de entonces, la Corte Constitucional desarrolló una amplia línea jurisprudencial que transformó progresivamente la vida cotidiana de miles de personas. Situaciones que durante años habían sido aceptadas como parte del orden social comenzaron a ser examinadas desde la perspectiva de los derechos fundamentales y la igualdad ante la ley. La orientación sexual dejó de ser un criterio para excluir a docentes del ejercicio de su profesión; las parejas del mismo sexo obtuvieron reconocimiento mediante la unión marital de hecho, el matrimonio igualitario y el derecho a conformar familias con las mismas garantías legales; las personas trans avanzaron en el reconocimiento de su identidad; las restricciones para donar sangre basadas exclusivamente en la orientación sexual comenzaron a desmontarse bajo criterios científicos; y distintas decisiones judiciales fortalecieron la protección frente a la discriminación en ámbitos como el trabajo, la educación, la salud y el acceso a bienes y servicios. 

 

Estos avances no ampliaron los derechos de unas personas por encima de otras. Hicieron posible que quienes habían permanecido históricamente excluidos pudieran ejercer los mismos derechos que el resto de la ciudadanía. La posibilidad de estudiar, trabajar, conformar una familia, acceder a servicios de salud, expresar públicamente la propia identidad o construir un proyecto de vida sin sufrir discriminación pertenece al núcleo básico de una sociedad democrática. La igualdad jurídica amplía el alcance efectivo de la ciudadanía y fortalece la capacidad del Estado para proteger la dignidad humana como fundamento de la convivencia democrática. 

 

Ese horizonte enfrenta hoy nuevos desafíos. En distintos países han surgido leyes que restringen derechos previamente reconocidos, limitan el acceso a tratamientos de afirmación de género, censuran contenidos relacionados con la diversidad sexual en instituciones educativas o vuelven a criminalizar formas de existencia que parecían protegidas por el derecho internacional de los derechos humanos. Paralelamente, expresiones como «ideología de género», «protección de la familia» o «defensa de la infancia» circulan como consignas políticas capaces de movilizar iniciativas orientadas a restringir derechos y presentar la igualdad como una amenaza. En ese contexto, la existencia de las personas LGBTIQ+ vuelve a convertirse en objeto de controversia pública, desplazando el debate desde la garantía de derechos hacia la construcción de enemigos culturales. 

 

Colombia tampoco permanece al margen de estas tensiones. Aunque cuenta con uno de los desarrollos constitucionales más sólidos de América Latina en materia de derechos para las personas LGBTIQ+, persisten altos niveles de violencia por prejuicio, discriminación cotidiana y barreras que dificultan el ejercicio efectivo de esos derechos. Informes recientes de organizaciones como Caribe Afirmativo, Colombia Diversa y la Defensoría del Pueblo advierten sobre un incremento de la violencia contra personas LGBTIQ+, especialmente contra mujeres trans, y documentan que durante 2024 y 2025 fueron asesinadas más de un centenar de personas por hechos asociados, presuntamente, a prejuicios relacionados con su orientación sexual o identidad de género. Estas cifras recuerdan que los avances jurídicos aún conviven con profundas formas de exclusión y violencia en la vida cotidiana. 

 

Volver hoy a estas imágenes permite comprender cuánto ha cambiado el país en apenas unas décadas. En ellas aparecen discusiones que hoy podrían parecer insólitas: una profesora obligada a defender su derecho a enseñar, la homosexualidad convertida en asunto de debate dentro del fútbol profesional o el miedo que implicaba nombrarse públicamente como lesbiana. Esas escenas recuerdan que muchas de las libertades que hoy forman parte de la vida cotidiana fueron, hace no tanto tiempo, objeto de controversia. 

 

Por ello, el orgullo sigue siendo una conmemoración necesaria. Cada derecho conquistado conserva la historia de quienes ampliaron los límites de la ciudadanía cuando hacerlo implicaba enfrentar prejuicios, exclusión y violencia. En un momento en que algunos de esos debates vuelven a instalarse en la esfera pública, mirar el archivo también significa reconocer el camino recorrido.

 

Por: Laura Vera Jaramillo

Fecha de publicación original Dom, 28/06/2026 - 22:03