Publicado el Vie, 07/21/2017 - 19:20

La chicha: una bebida campesina con siglos de resistencia.

Perseguida, estigmatizada y prohibida, sigue siendo un emblema de los habitantes del altiplano cundiboyacense.

Por: Claudia Bautista

Razones higiénicas, de mercado y morales -debido a su efecto embriagador-, hicieron que muchos intentaron acabar con la chicha. Y fracasaron.

La chicha tiene un papel protagónico en la historia de la región andina del centro del país y de la capital colombiana, es símbolo de la resistencia del mundo precolombino, primero, y de las costumbres de las gentes campesinas que se vieron obligadas a migrar a la ciudad, después.

Una bebida fabricada con los granos del maíz -masticada y después depositada en recipientes para ser fermentada-, que causó estupor entre los conquistadores por la forma en que los nativos americanos perdían el control al consumirla en ceremonias importantes, festividades familiares o para reponerse del trabajo en el campo.

Sin querer, queriendo

A pesar del profundo rechazo de los españoles por esta bebida y sus nocivos efectos, fueron ellos quienes le incorporaron a la receta el uso de miel de caña para endulzarla, mientras combatían su consumo entre los indígenas que habitaban la capital y atiborraban las “chicherías” que proliferaron en Bogotá -fáciles de instalar gracias a la popularidad de la receta y bajos costos de fabricación de la antigua bebida ceremonial-.

Prohibida en diferentes épocas por la Real Audiencia, varios arzobispos, ministros y concejales de Bogotá, la chicha estuvo en el centro de las reuniones de las clases populares y, ataviados con ruanas y alpargatas, los habitantes del altiplano cundiboyacense siguieron reuniéndose y emborrachándose con ella.

La entrada al mercado colombiano de la cerveza demostró el poderío de las antiguas tradiciones de los beodos criollos y la bebida alemana tardó casi 30 años en vencer a la chicha -con la ayuda y el empujoncito que le diera la Ley 34 de 1948 que prohibió la fabricación de chicha-.

Viva hasta nuestros días

Sin embargo, la chicha siguió fabricándose en ámbitos privados y vendiéndose en un mercado ilegal que se encargó de mantenerla viva hasta el siglo XXI y, justamente en 2001, una experta en el tema compartió sus secretos con los espectadores de la TV pública en un capítulo de la serie “La vida es bella”.

La receta de la chicha que Leopoldina Toscano mantuvo viva es parte del patrimonio cultural de los colombianos que se conserva en el archivo Señal Memoria de RTVC, Sistema de Medios Públicos.

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