Caguán : 25 años del inicio del proceso | Señal Memoria

Caguán : 25 años del inicio del proceso
Publicado el Lun, 23/10/2023 - 11:11 HISTORIA Y COYUNTURA POLÍTICA
Caguán : 25 años del inicio del proceso

Uno de los intentos por dar una salida política al conflicto interno armado colombiano más recordados son los fallidos Diálogos de Paz del Caguán; llevados a cabo entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) entre enero de 1999 y febrero de 2002. Un proceso de paz que desde su mismo inicio se enfrentó a múltiples obstáculos, siendo el principal de estos la falta de una verdadera voluntad por parte del grupo guerrillero.

 


Aparecen obstáculos en el camino

A pesar de que durante el primer semestre de 1995 el gobierno de Ernesto Samper había puesto sobre la mesa la posibilidad de despejar militarmente al municipio de La Uribe para así emprender un diálogo de paz con las FARC, dos hechos obstaculizaron su materialización. Primero, la publicación realizada en julio por la revista Semana en la que mostraba el memorando realizado por el entonces comandante del Ejército, Harold Bedoya, en el que se oponía a cualquier tipo de retirada; lo cual desencadenó rumores sobre un posible golpe de Estado. Segundo, las revelaciones sobre la responsabilidad y conocimiento del mandatario sobre la financiación de su campaña, el llamado Proceso 8000.

Tras esto, el grupo guerrillero inició una fuerte ofensiva en contra de bases militares, estaciones de policía y cabeceras municipales a lo largo del país. Ya para 1998, y gracias a sus victorias, las FARC le hacen saber a Samper que si desmilitariza cinco municipios se sentaran a dialogar; sin embargo, el mandatario responde que está dispuesto pero en el extranjero.

 

Orozco Tascón, Cecilia (directora). (1998). Noticiero de las Siete N7: 1983-2001. [Samper habla de la propuesta de Alfonso Cano]. Colombia: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-064414.

 

Meses después, el candidato a la presidencia Andrés Pastrana anunció que si resultaba vencedor despejaría los cinco municipios para iniciar un diálogo con las FARC. En octubre, ya como mandatario, Pastrana emitió la orden para desmilitarizar los municipios de Mesetas, La Uribe, La Macarena, y Vistahermosa en el Meta, así como de San Vicente del Caguán en el Caquetá.

No obstante, tan solo un mes después llegó el primer obstáculo: la guerrilla manifestó reparos a la presencia de más de un centenar de soldados desarmados del Batallón Cazadores. Estos solo realizarían funciones administrativas, debido a que aquel lugar sería destinado como la sede del gobierno y las comisiones internacionales en la región. Ante esta queja, el ministro de Defensa, Rodrigo Lloreda Caicedo, ofreció una rueda de prensa en la que manifestó que las FARC no solo estaban dilatando el proceso, sino que no tenían voluntad de paz.

 

Orozco Tascón, Cecilia (directora). (1998). Noticiero de las Siete N7: 1983-2001. [Emisión: noviembre 23 de 1998]. Colombia: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-064575

 

Tres días después, los voceros de las FARC notificaron que suspenderían los diálogos hasta que los soldados abandonaran San Vicente del Caguán. Si bien el impase se solucionó en diciembre, con la salida de los uniformados, las voces críticas frente al proceso habían aumentado, especialmente dentro de los militares, quienes consideraban que la guerrilla estaba actuando de forma arrogante.

 

Orozco Tascón, Cecilia (directora). (1998). Noticiero de las Siete N7: 1983-2001. [Emisión: noviembre 26 de 1998]. Colombia: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-064577 CLIP 1

 

La silla vacía

Solucionada la situación, el Alto Comisionado Para la Paz, Víctor G. Ricardo, logró acordar con el máximo comandante de las FARC, Manuel Marulanda, que los diálogos iniciarían el 7 de enero de 1999, ya que la desmilitarización de los cinco municipios finalizaría en febrero.

Así pues, se generó una amplia expectativa en la sociedad colombiana ante el encuentro entre Pastrana y Manuel Marulanda. Tanto que a San Vicente del Caguán llegaron, además de miembros de la clase política, campesinos de la región y personalidades de la farándula; al punto de que la instalación de la mesa de diálogos se convirtió en una gran fiesta nacional.

La ilusión pronto se volvió desesperanza. Si bien es cierto que los voceros de la guerrilla habían manifestado a los medios de comunicación que la presencia de Manuel Marulanda no estaba asegurada, la sociedad colombiana esperaba que el máximo líder de la insurgencia les diera credibilidad a unos diálogos que, aunque no habían iniciado, ya varios sectores los vislumbraban destinados al fracaso. Las imágenes de la desazón de Pastrana en la tarima sin su interlocutor fueron las principales portadas en los noticieros y diarios nacionales.

En el Archivo Señal Memoria se puede encontrar un fragmento en el que se observa a un apesadumbrado Andrés Pastrana en la tarima instalada en San Vicente del Caguán.

 

(1998) [San Vicente del Caguán] [Negociaciones de paz de Andrés Pastrana]. Colombia. Archivo Señal Memoria, BTCX30 018324.

 

Mucho se especuló sobre las razones de la ausencia del comandante de las FARC; no sería sino hasta 2021 cuando Pastrana declaró en la Comisión de la Verdad las razones que le había dado el máximo líder de la guerrilla. Según el expresidente, Marulanda sentía que aparecer en tarima con el mandatario generaría la idea de que ya se había hecho la paz; aunque razón tenía en este aspecto, debido a que en efecto una gran parte de la sociedad consideraba que iniciar diálogos era equivalente a la firma de un tratado, la verdadera razón, como se vino a conocer posteriormente, era otra muy distinta.

Decepción

Tal como lo expuso Eduardo Pizarro en un artículo de El Tiempo en 2011, las FARC nunca contemplaron seriamente la firma de un acuerdo con Pastrana. Producto de sus victorias militares, así como por la incapacidad del Ejército de llevar a cabo una acción rápida en las tomas guerrilleras, esta insurgencia creía que tenía la capacidad de derrotar al Estado colombiano.

Por otro lado, en reiteradas ocasiones el grupo guerrillero decidió congelar los diálogos. Las razones principales eran su oposición al Plan Colombia y la complicidad, no sin razón, de miembros de las fuerzas armadas y del gobierno con los grupos paramilitares.

Si bien sus denuncias eran válidas, lo cierto es que durante estos años las FARC incrementaron su accionar armado no solo contra policías y soldados, algo esperable en una guerra, sino también contra civiles, especialmente a través de las llamadas pescas milagrosas.

Conclusión

Los efectos del Caguán siguen observándose en la actualidad; el principal escollo del Proceso de Paz de la Habana fue el cargar con la sombra del fallido proceso. Así mismo, parte de la polarización que se vive actualmente en la sociedad colombiana, y que cualquier intento de negociación con algún grupo guerrillero sea inmediatamente criticado por una parte de la sociedad, tiene como origen la falta de voluntad de las FARC por entablar seriamente un proceso de paz durante la administración Pastrana.

A diferencia de lo acontecido en 2016, tanto el gobierno colombiano, como la gran mayoría de la oposición y la sociedad colombiana no solo apoyó, sino que también se ilusionó con la posibilidad de una salida pacífica al conflicto. La insurgencia pudo llegar a tener una importante participación política, pero desafortunadamente dejaron pasar la oportunidad. 

En el siguiente fragmento, podemos observar cómo hasta las víctimas de la insurgencia reconocían que esta merecía ser escuchada y sus proclamas tenidas en cuenta.

 


 

Autor: Germán Sánchez Baquero

 

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Fecha de publicación original Lun, 23/10/2023 - 11:11