Aquí vive la memoria: Capítulo 5. Plaza de Mercado de Paloquemao
Plaza de Mercado de Paloquemao
Desde Señal Memoria presentamos Aquí vive la memoria, una serie audiovisual creada para el Mes del Patrimonio en la que visitamos diez lugares que guardan el patrimonio en Colombia; un recorrido por espacios, objetos, prácticas y saberes que permite explorar las múltiples formas que adopta el patrimonio y preguntarnos cómo llega hasta el presente.
Una película, un documento, una receta, un oficio, una colección de arte, un territorio construido colectivamente o un edificio atravesado por las memorias de una comunidad nos acercan a los conocimientos, las relaciones y las prácticas mediante las cuales una sociedad conserva, transmite y activa aquello que reconoce como parte de su patrimonio.
En este capítulo llegamos a la Plaza de Mercado de Paloquemao, uno de los lugares donde el campo y la ciudad se encuentran todos los días. Frutas, verduras, flores, hierbas y alimentos procedentes de distintas regiones llegan hasta sus puestos junto con las personas que saben cultivarlos, escogerlos, prepararlos y ofrecerlos. En esa circulación también viajan conocimientos. ¿Cuántos saberes puede guardar una plaza de mercado?
Las plantas permiten acercarnos a una parte de ese patrimonio vivo. Reconocer una hierba, distinguir sus propiedades, saber cómo se prepara o recordar para qué la utilizaban madres y abuelas son conocimientos construidos y transmitidos a través de la experiencia. En las plazas conviven plantas asociadas con la cocina y los remedios caseros, pero también con prácticas espirituales y rituales: hierbas amargas para limpiar, hierbas dulces vinculadas con la prosperidad, plantas que se buscan para preparar infusiones, baños o alimentos.
Buena parte de esos conocimientos circula en la conversación. Quien llega buscando una planta suele encontrar también una recomendación sobre cómo usarla, combinarla o prepararla. Vendedoras, vendedores, campesinas, campesinos y compradores participan así de una cadena de transmisión que conecta territorios, generaciones y maneras de comprender la relación con las plantas.
Por eso una plaza guarda mucho más que aquello que vemos dispuesto en sus puestos. Allí circulan productos, pero también palabras, recetas, consejos, creencias y formas de hacer que permanecen porque alguien continúa practicándolas y compartiéndolas. Mirar Paloquemao desde el patrimonio permite reconocer que una planta puede guardar una historia y que, mientras sus saberes sigan pasando de unas manos a otras, esa historia continúa viva.
Por: Laura Vera Jaramillo