Aquí vive la memoria: Capítulo 4. Museo del Vidrio
Museo del Vidrio de Bogotá
Desde Señal Memoria presentamos Aquí vive la memoria, una serie audiovisual creada para el Mes del Patrimonio en la que visitamos diez lugares que guardan el patrimonio en Colombia; un recorrido por espacios, objetos, prácticas y saberes que permite explorar las múltiples formas que adopta el patrimonio y preguntarnos cómo llega hasta el presente. Una película, un documento, una receta, un oficio, una colección de arte, un territorio construido colectivamente o un edificio atravesado por las memorias de una comunidad nos acercan a los conocimientos, las relaciones y las prácticas mediante las cuales una sociedad conserva, transmite y activa aquello que reconoce como parte de su patrimonio.
En este capítulo llegamos al Museo del Vidrio de Bogotá, en San Cristóbal, para conocer una historia hecha alrededor de un oficio. Tallar, soplar o trabajar el vidrio al soplete requiere años de práctica: aprender a reconocer el comportamiento de la materia, controlar la temperatura, manejar las herramientas y dominar movimientos que adquieren precisión con la experiencia. En esos conocimientos, compartidos y transformados por generaciones de trabajadores, maestras y maestros vidrieros, existe también un patrimonio de Bogotá. ¿Cómo se mantiene vivo un oficio a través del tiempo?
Durante el siglo XX, fábricas, hornos y talleres hicieron del vidrio parte de la vida económica y social de este sector de la ciudad; alrededor de ellos se formaron trabajadores, circularon técnicas y se construyeron conocimientos sobre la materia. Esa trayectoria permanece en los objetos producidos y también en quienes conocen las distintas maneras de trabajarla, las han adaptado y continúan ejerciendo el oficio.
En ese territorio se encuentra Casa La Eneida, sede del Museo del Vidrio de Bogotá. Su carácter comunitario atraviesa la manera en que ha construido su colección y su propio relato: maestras y maestros vidrieros, fábricas, talleres y habitantes de San Cristóbal han aportado objetos, herramientas, experiencias y recuerdos vinculados con la historia local del vidrio. El museo reúne esas memorias y les ofrece un lugar desde el cual pueden ser conocidas, enseñadas y reconocidas como parte de la historia de la ciudad.
Preservar este patrimonio implica entonces cuidar los objetos y las historias que contienen, pero también crear condiciones para que los conocimientos asociados al oficio tengan un lugar en el presente. En el MEVIBO, una pieza permite hablar de quien la produjo, una herramienta conduce a la historia de un taller y una demostración convierte años de experiencia en conocimiento compartido. Allí, el patrimonio material y el inmaterial se encuentran: en lo que una comunidad conserva y en los saberes con los que continúa construyendo su lugar en Bogotá.
Por: Laura Vera Jaramillo