Los olvidados Premios Esso | Señal Memoria

 Premios Esso
Publicado el Sáb, 11/05/2024 - 13:33 HISTORIA DE LOS MEDIOS
Los olvidados y accidentados Premios Esso

Las ocho entregas del Premio Literario Esso agitaron el panorama literario colombiano de los años sesenta. Con ganadores que representaban la literatura tradicional y otros que señalaban la renovación, con la activa intervención de la Academia Colombiana de la Lengua en sus inicios, y más de una polémica generada entre jurados, críticos, y escritores, su historia brinda un gran ejemplo de las mutaciones socioculturales del momento, así como de una lucha entre la tradición literaria y las nuevas tendencias que pasarían, tiempo después, a ser dominantes.


 

Con un itinerario marcado también por improvisaciones y desorganización, y con una irregular atención mediática, el Premio Esso atestigua la difícil historia de los premios literarios en el país. Aunque hoy es poco recordado, el desarrollo del concurso concentró la atención del país literario, al tiempo que hizo evidente la decadencia de la institucionalidad cultural existente, la ausencia de políticas de estímulo a la literatura y el todavía tímido papel de la industria editorial en la explotación de los premios. 

Creado en 1961 por la empresa petrolera Esso Colombiana, el premio tuvo el propósito de estimular la creación literaria y ayudar a la profesionalización de los autores, que en ese entonces (y aún hoy) no podían vivir de su escritura. El premio consistía en $25.000 pesos y la publicación de la novela ganadora. 

Para brindar mayor legitimidad al concurso, la Esso Colombiana decidió asociarse con la Academia Colombiana de la Lengua, creando un jurado compuesto por dos miembros de la institución y uno más asignado por la compañía. Esta unión, que parecía ideal, supuso un eje de controversia desde la primera edición del concurso.

Con su novela La mala hora, fue el primer ganador del concurso. Radicado en México, el autor cataqueño envió una carta de agradecimiento, cuyo contenido, leído en la ceremonia de entrega, puede escucharse gracias al Archivo Señal Memoria.

Premio de Literatura ESSO 1961. (1962). Bogotá: HJCK. Archivo Señal Memoria, HJCK-DGW-072695-01. 

 

A pesar de la solemnidad, la edición de la novela ganadora no fue un motivo de celebración general. García Márquez tuvo que consentir con la censura de un par de palabras de la novela por presión del padre Félix Restrepo, entonces director de la Academia. Este y otros problemas en la edición, llevada a cabo por el Taller de Artes Gráficas Luis Pérez, hizo que su autor se retractara de ella y buscara, al parecer, destruir la mayor cantidad de copias.

La segunda edición del premio recayó en Manuel Zapata Olivella, quien ya había recibido una mención de honor en la primera entrega por En Chimá nace un santo. Su obra Detrás del rostro, que relata la vida de los niños de calle y el sufrimiento de la violencia lejos de la ciudad, sería ahora la ganadora en el nuevo certamen. A diferencia de La mala hora, el galardón a esta novela no generó mayor controversia. De hecho, para esta edición, también se avaló la publicación de la otra novela finalista: Catalina de Elisa Mujica, sobre una mujer que cuestiona su rol durante la Guerra de los Mil Días. Ambas novelas resultarían publicadas por la editorial española Aguilar.

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Al año siguiente, la literatura enmarcada sobre los inicios del siglo XX continuó siendo galardonada. Esta vez, José Antonio Osorio Lizarazo se llevó el premio con El camino en la sombra, relato sobre una familia de desplazados por la guerra de 1895 y su adaptación a la vida bogotana. La editorial Aguilar se encargó también de la publicación de esta obra, aunque sería la última vez que acompañaría al concurso. El archivo sonoro que reposa en el catálogo de Señal Memoria es tal vez el único en el que se puede escuchar al autor expresando el objetivo de su obra literaria.

Premio de Literatura ESSO 1963. (1964). Bogotá: HJCK. Archivo Señal Memoria, HJCK-DGW-072756-01. 

 

Con El camino en la sombra termina lo que podría llamarse el periodo plácido de los Premios Esso. La premiación de Guayacán de José Manuel Prada Sarmiento, como la mejor novela de 1964, dio inicio a una etapa de cuestionamientos al concurso, pero especialmente a la Academia Colombiana de la Lengua y su lugar en el cuerpo de jurados. Para la crítica, se trataba de una narración plana, con personajes que carecían de desarrollo. Premiar un relato que describía los síntomas de la depresión de manera muy clínica dejaba, para muchos observadores, serias dudas sobre los criterios existentes en la Academia para valorar novelas contemporáneas. Guayacán sería, por lo demás, la única obra en la historia del Premio Literario Esso en ser publicada por la editorial colombiana Andes. 

Explotan las controversias

Pero la gran crisis de los Premios Esso llegó con el triunfo de Lucy Barco de Valderrama y su novela La picúa cebá en la entrega de 1965. Desde la deliberación, las opiniones estuvieron tan divididas que además de los tres jurados que normalmente elegían al ganador, la Esso Colombiana y la Academia debieron añadir cada una un jurado adicional para poder escoger a la novela ganadora.

Las reacciones no se hicieron esperar. En la misma ceremonia de entrega, uno de los miembros del jurado, el escritor Enrique Uribe White, leyó un salvamento de voto en el cual criticaba duramente al trabajo premiado, al punto de decir que ni siquiera merecía el título de novela. Su salvamento sería luego republicado por El Tiempo e incluso aparecería de nuevo en su libro La novela en general y la colombiana en particular (1969). 

Uribe White, Enrique. (1965). [Academia de la Lengua]: Concurso literario ESSO 1965. Archivo Señal Memoria, HJCK-DGW-072512-01. 

 

Más allá de la polémica, la edición de 1965 terminó con los cambios constantes entre las editoriales responsables de publicar el libro premiado. A partir de La picúa cebá, la editorial Lerner se afirmó como la encargada de publicar y publicitar todas las obras ganadoras, hecho que sumó al reconocimiento y la comercialización general de los títulos, dos aspectos hasta entonces poco fomentados desde la orilla editorial. 

La academia se retira 

A pesar del estímulo editorial, la controversia entre los críticos literarios y la Academia Colombiana de la Lengua se arreció progresivamente hasta el punto de acabar con la participación de la última en los premios restantes. En los archivos de Señal Memoria se registra una pequeña muestra de esta controversia a través de las palabras de Ebel Botero, crítico de El Espectador, durante un evento en la Universidad Nacional dedicado a la novela latinoamericana. 

Después del retiro de la Academia, el jurado de los premios empezó a componerse por una figura intelectual, elegida por la Esso Colombiana, y dos figuras más elegidas de manera independiente. En 1966, el nuevo cuerpo de jurados, integrado por Germán Arciniegas, Daniel Arango y Arturo Camacho Ramírez opta por declarar el concurso desierto, alegando que ninguna de las 62 propuestas recibidas estaba a la altura del galardón.

Al año siguiente, un nuevo grupo de jurados declaró como ganadora la novela intitulada En noviembre llega el arzobispo, de Héctor Rojas Herazo, en lo que parece ser un intento por premiar una literatura más vanguardista en un contexto en el que el nadaísmo cobraba fuerza y atención.

[Academia de la Lengua, octubre de 1967. Concurso de la novela ESSO]. (1967). Archivo Señal Memoria, HJCK-DGW-072510-02.

[Registros de la entrega del Premio Esso a Héctor Rojas Herazo]. (1967). Archivo Señal Memoria, UMT 216095. 

 

El fin del premio

Sin embargo, los afanes por premiar obras de silueta vanguardista no dieron los frutos esperados. El Premio Esso de 1968, otorgado a Mateo el flautista de Alberto Duque López fue un escándalo más en el que ningún crítico estuvo de acuerdo en los méritos de la obra, juzgándola como escatológica y desordenada.

El último esfuerzo del Premio Literario Esso fue galardonar al escritor tolimense Héctor Sánchez por Las causas supremas, decisión que, a diferencia de los concursos previos, pasó sin pena ni gloria por los suplementos literarios de los periódicos más importantes del país, denotando en la práctica un abierto desinterés por el transcurrir del certamen. 

El triste recibimiento dado a esta última obra pareció justificar el anuncio del final del Premio Literario Esso. Aunque la empresa afirmó haber logrado el objetivo de estimular la novelística colombiana, hoy es posible plantear que este logro fue muy relativo, pues muy pocas de sus novelas son recordadas hoy día. Muy pocas cuentan con reediciones o son valoradas plenamente por la crítica o los estudios literarios. Además, ninguna de ellas estuvo entre las más vendidas de su tiempo, hecho que marca también su distancia de los cuadros lectores. Con todo, gracias al Archivo Señal Memoria, es posible revisitar este momento especial de la historia literaria y editorial del país, agitado por las decisiones de jurados y los deseos de reconocimiento de los escritores nacionales.

 


Por: María Angélica Guerrero Ruiz

 

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Fecha de publicación original Sáb, 11/05/2024 - 13:33

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