Navidad sin Cristo | Señal Memoria

Publicado el Sáb, 11/12/2021 - 09:58
Navidad sin Cristo
Navidad sin Cristo
Archivo Señal Memoria de RTVC. Diseño gráfico: Karen López para Señal Memoria de RTVC

Cada 25 de diciembre se celebra alrededor del mundo el nacimiento de Jesús. Sin embargo, la celebración del hijo de Dios surgió como la respuesta religiosa a la celebración pagana de las Saturnales, un carnaval romano que tenía lugar en el solsticio de invierno, alrededor del 25 de diciembre. San Nicolás y la bruja Befana son otros mitos navideños que no tienen que ver con Cristo. Al final, más allá de si los regalos vienen del Niño Jesús o de Papá Noel, la Navidad puede resaltar el espíritu de solidaridad que trasciende estas barreras.

Seguro que tienes un amigo al que le encanta celebrar su cumpleaños con fiestas épicas, cientos de personas y recuerdos inolvidables (y quizás levemente embarazosos). Pero ni siquiera el más fiestero y orgulloso de su día podría acercarse a lo que implica el cumpleaños de Jesús. Su fecha tiene nombre propio, Navidad, se celebra alrededor de todo el mundo y ni siquiera importa que él haya muerto hace miles de años: todavía nos juntamos con nuestra familia y amigos, bebemos y celebramos, reflexionamos y descansamos, en honor al nacimiento del hijo de Dios. 

Para la religión cristiana, Navidad es una fecha fundamental. Se celebra en la mayoría de América Latina, Occidente y en buena parte del mundo. Y el relato original se mantiene: el 25 de diciembre la Virgen María dio a luz a un niño al que concibió por obra y gracia del Espíritu Santo, el hijo de Dios que moriría por los pecados de la humanidad. Y aunque al llegar diciembre parece que la Navidad lo abarca todo y que el arribo de Jesús a la Tierra es recordado con alegría y frenesí cada año, hay algunos matices que debemos reconocer sobre esta celebración y sobre esta época. 

Para empezar, si queremos entender la Navidad hay que remontarnos a los romanos. Las Saturnales eran fiestas en honor a Saturno que se celebraban durante el solsticio de invierno, alrededor del 25 de diciembre. Esta época era de fiesta y carnaval, con abundancia de bebida, comida y desobediencia de las normas sociales. Y durante el mandato de Constantino el Grande se decidió celebrar el nacimiento del salvador el 25 de diciembre, para reemplazar lo pagano con lo divino. Lo cierto, sin embargo, es que no hay certeza de que ese día haya sido la fecha exacta en que María dio a luz. Y, aun así, desde Roma, hacia el siglo IV, empezó a celebrarse esta fecha. 

Las tradiciones navideñas giran alrededor de relatos colectivos que, como con el nacimiento de Cristo, suelen ser acomodados y estirados para que quepan en ciertos marcos. Ya vimos que la Navidad empezó sin Cristo. Ahora, analicemos el caso de San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel, ese viejo bonachón y de barba blanca que en Navidad, con un trineo jalado por renos, va por el mundo dejando regalos en las chimeneas de los hogares. San Nicolás sí existió, fue un obispo que vivió en lo que hoy es Turquía en el siglo IV. Supuestamente, una vez una bolsa de oro se le cayó por una chimenea y aterrizó sobre un calcetín, y así nació la leyenda. Es el patrón de Rusia y una figura muy importante en Grecia, Alemania, Inglaterra y el norte de Europa. Hoy, sin estar relacionado con Jesús, convive con él en las principales celebraciones navideñas del mundo. 

Los regalos son muy importantes para la Navidad y son repartidos por el Niño Dios, Papá Noel, los papás y más figuras, mitos y máscaras. En Italia, los niños esperan a la bruja Befana, que llega en enero. Vuela en su escoba y, sonriente, les entrega obsequios a los que se portaron bien, a cambio de la naranja y el vaso de vino que la espera en cada hogar. En el País Vasco, al norte de España, de los regalos se encarga el Olentzero, un mitológico carbonero. En Cataluña y Aragón, el Tío de Nadal, un gran tronco que solo a golpes suelta los regalos. Aunque Cristo no está presente en estas tradiciones, sí que lo está el espíritu navideño de solidaridad, familia, alegría y compartir. 

Las fechas de Navidad son recibidas de manera distinta en otras religiones que no son el cristianismo o el catolicismo. Para los judíos, la celebración navideña coincide temporalmente con Hanukkah. Se celebra el milagro del candelabro que, al recuperar el Templo de Jerusalén, se mantuvo encendido por ocho días aunque el aceite solo alcanzaba para uno, por lo que la población judía enciende una vela cada día durante la ocasión. Comen pasteles de papa, natillas y un dulce de masa frita relleno de mermelada llamado sufganiot. Por otro lado, en diciembre los budistas celebran el Día del Maestro y homenajean el nacimiento de Tsongkhapa, el autor del Lam Rim Chen Mo, las enseñanzas de Buda. 

Es así como Navidad, el final de diciembre, la transición entre un año y otro, la entrega de regalos y más se mezclan de forma sincrética alrededor del mundo. Las celebraciones beben de otras culturas y se inspiran entre sí, tanto así que el origen de una fecha tan importante como la Navidad implica buscar en otras culturas y tradiciones. En 1992, Abelardo Forero Benavides y Ramón de Zubiría hablaron de la Navidad que venía en lo que fue una década llena de violencia y sufrimiento para Colombia. Justamente mencionan cómo el Niño Dios ha dado paso a Santa Claus, al que rechazan, y acá vemos esa relación entre distintas figuras y cómo una se alimenta de la otra. 

Pero lo más importante viene después, cuando se preguntan qué regalo, qué aguinaldo, necesitan los colombianos. Su respuesta es justicia social. Así, la Navidad también tiene que ver con cómo hacer del mundo un lugar más justo y reducir su sufrimiento. Al final, esa era la misión de Cristo, esté presente su nombre o no.

 

Arango Franco, Mario (1992). El Pasado en Presente [Un aguinaldo para Colombia, diciembre 16 de 1992]. Bogotá: Coltevisión. Archivo Señal Memoria, VHS-193433 CLIP 2. 

 


Autor: Santiago Cembrano

 

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Fecha de publicación original Sáb, 11/12/2021 - 09:58
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