La historia oficial: cine, memoria y dictadura argentina

La historia oficial: cine, memoria y dictadura argentina
Publicado el Mar, 24/03/2026 - 12:34 CULTURA Y SOCIEDAD
La historia oficial: cine, memoria y dictadura argentina

Una película y una fecha marcan la memoria argentina: el 24 de marzo atraviesa el cine y la historia reciente latinoamericana.

A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Argentina, esa fecha continúa operando como una superficie activa de memoria. Su sentido se ha configurado a lo largo de décadas de movilización social, producción cultural, procesos judiciales y políticas públicas. En ese entramado, el cine encontró un lugar singular para intervenir en la elaboración colectiva del pasado reciente.

El 3 de abril de 1985 se estrenó La historia oficial, dirigida por Luis Puenzo y escrita junto a Aída Bortnik. La película se inscribe en un momento atravesado por transformaciones profundas: el informe Nunca Más, elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), había sido publicado en septiembre de 1984 y el Juicio a las Juntas, primer proceso en América Latina que juzgó a los máximos responsables de una dictadura en tribunales civiles, comenzaría pocas semanas después del estreno.

En ese contexto, la película se articuló con un movimiento social más amplio. Su circulación se integró a un espacio público en el que comenzaron a nombrarse de forma sistemática las desapariciones, las apropiaciones de niños y las tramas de violencia estatal.

Ese proceso no se limita al caso argentino. Las dictaduras del Cono Sur dejaron una trama de violencia estatal cuyas huellas siguen activas en el presente. En ese terreno, la memoria no se estabiliza en un relato único: allí se disputan responsabilidades y formas de narrar lo ocurrido. La historia oficial se inscribe en ese momento de apertura, cuando esas experiencias comienzan a hacerse visibles. El cine se sitúa allí no solo como representación, sino como una forma de organizar imágenes y poner en circulación relatos que influyen en cómo esa historia se comprende hoy.

Torres, Carmen (directora). (2010). Meridiano, el arte cuenta la historia: Capítulo 07 – Memoria. Bogotá: Señal Colombia – RTVC. Archivo Señal Memoria, DV-262806.

Un testimonio de una Madre de Plaza de Mayo permite situar esa dimensión en el espacio público. Desde 1977, las rondas de los jueves alrededor de la Pirámide de Mayo se constituyeron como un gesto político sostenido. La presencia corporal y la repetición hicieron visible la figura del desaparecido en un contexto donde el Estado y buena parte del discurso oficial buscaban borrarla. Esa persistencia configura el suelo histórico sobre el que la película inscribe su relato.

La película se centra en Alicia, profesora de historia. Su vida se transforma cuando comienza a interrogar el origen de su hija adoptiva. Esa búsqueda la expone a las redes de apropiación de bebés y a una trama donde se entrelazan violencia estatal y complicidades civiles. Lo que comienza en el ámbito privado se expande hacia una comprensión más amplia del daño social.

La circulación internacional de la película amplificó su alcance y reconfiguró su lectura. En 1985, Norma Aleandro recibió el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes y la película obtuvo el Premio del Jurado Ecuménico. Ese mismo año se sumaron reconocimientos en Toronto y Chicago, y en enero de 1986 el Golden Globe a Mejor Película Extranjera.

El 24 de marzo de 1986, La historia oficial recibió el Oscar a Mejor Película en Lengua no inglesa, convirtiéndose en la primera película argentina, y la primera latinoamericana, en obtener ese reconocimiento. En el contexto de los años ochenta, ese hecho proyectó a escala global una narrativa sobre desapariciones forzadas, apropiación de niños y complicidades civiles. La coincidencia entre la premiación y el aniversario del golpe reforzó la dimensión simbólica del acontecimiento, inscribiendo la historia reciente argentina en el circuito internacional del cine.

El guion de Aída Bortnik se construyó en diálogo con información proveniente de organismos de derechos humanos y con las primeras investigaciones sobre la apropiación de niños durante la dictadura. Esa cercanía con testimonios y denuncias contribuyó a la densidad del relato.

 

Ríos, Juan Guillermo (director). (1984). Noticiero de las siete N7. [Entrevista a Leonardo Favio sobre la canción Madres de Mayo]. Bogotá: Programar Televisión. Archivo Señal Memoria, UMT-218550.

El eje de la apropiación de niños encuentra un correlato directo en la labor de Abuelas de Plaza de Mayo, organización creada durante la dictadura para localizar a los hijos de personas desaparecidas y restituir su identidad. Su trabajo permitió documentar la existencia de un plan sistemático de apropiación de menores, que incluyó partos en cautiverio, falsificación de documentos y circuitos ilegales de adopción. Se estima que alrededor de 500 niñas y niños fueron apropiados entre 1975 y 1980.

La búsqueda de identidad que estructura la película se inscribe en ese universo, donde cada restitución implica un proceso prolongado de reconstrucción biográfica, jurídica y afectiva. Ese vínculo sitúa al film dentro de una conversación pública que excede la ficción y se conecta con una de las dimensiones más persistentes de la memoria en Argentina.

La fecha del 24 de marzo se ha configurado, por su parte, como una estructura temporal particular. Su institucionalización como feriado nacional en 2006 consolidó un proceso previo de construcción social impulsado por organismos de derechos humanos. Desde el retorno democrático, la conmemoración fue sostenida por prácticas de memoria que encontraron en el espacio público un lugar de visibilidad: marchas, rondas, intervenciones urbanas y actos educativos.

La fecha condensa experiencias históricas que incluyen torturas, desapariciones, asesinatos y apropiaciones. Su potencia radica en su capacidad de activar una memoria que se proyecta sobre el presente. Investigaciones recientes muestran que, a cincuenta años del golpe, la relación de distintos sectores sociales con ese pasado presenta matices complejos, incluso cuando la condena a la dictadura y a las violaciones a los derechos humanos sigue siendo un elemento estructural de la democracia argentina.

 

Loboguerrero, Camila (directora). (1995). Inmigrantes. [Entrevista a Juan Carlos Pérgolis Valsecchi]. Bogotá: Audiovisuales. Archivo Señal Memoria, UMT-209089.

El cine participa de esa dinámica como un espacio de elaboración simbólica. La historia oficial ocupa un lugar central en ese proceso, tanto por su circulación internacional como por su inserción en la memoria cultural latinoamericana. A cuarenta años de su estreno, la restauración en 4K presentada en Cannes Classics en 2015 añadió otra capa temporal a su trayectoria. El regreso al mismo festival donde Aleandro había sido premiada consolidó su estatuto como obra patrimonial e inscribió la película en el circuito de preservación del cine mundial.

Pensar el presente desde esa trama implica atender a las formas en que la memoria se actualiza. El trabajo de los organismos de derechos humanos, la continuidad de los juicios, la producción cultural y las prácticas pedagógicas configuran un campo en permanente movimiento. El cine, en ese entramado, ofrece un lenguaje capaz de articular lo íntimo y lo colectivo, lo documental y lo ficcional, lo local y lo global.

A cuarenta años de su estreno y a cincuenta del golpe, la relación entre cine, memoria y democracia sigue abierta. En ese terreno se juegan las formas de narrar el pasado, los modos de transmisión entre generaciones y las condiciones en que esas historias continúan siendo legibles.

En Argentina, ese proceso dejó marcas concretas: la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad, la consolidación de políticas de memoria y la construcción de un consenso amplio en torno a la condena del terrorismo de Estado. Sin embargo, ese consenso ya no opera del mismo modo.

En los últimos años han reaparecido lecturas que relativizan o disputan ese pasado, al tiempo que la memoria se desplaza hacia nuevas generaciones que no lo vivieron directamente. El 24 de marzo continúa operando como una fecha que organiza esas tensiones y reactiva ese vínculo entre memoria e historia.

Por: Laura Vera Jaramillo

Fecha de publicación original Mar, 24/03/2026 - 12:34