Cine-Mujer: archivo del movimiento feminista en Colombia

Cine-Mujer: la memoria de un movimiento
Publicado el Mar, 17/03/2026 - 16:27 CULTURA Y SOCIEDAD
Cine-Mujer: la memoria de un movimiento

El pasado jueves 12 de marzo de 2026, Señal Memoria dedicó su programa Cine y Memoria al trabajo del colectivo Cine-Mujer. El espacio contó con la presencia de Patricia Restrepo, exintegrante del grupo, y de Juliana Gómez, quien lidera desde hace algunos años el proyecto de investigación y gestión del archivo Cine-Mujer. Con ello, queremos recordar la labor de este colectivo y reflexionar sobre la necesidad de recuperar su acervo.

Cine-Mujer fue un colectivo de producción audiovisual creado en Bogotá en 1978 con el propósito de reunir los dos grandes intereses de sus fundadoras, Sara Bright y Eulalia Carrizosa: el feminismo y el cine. Su trabajo buscaba contribuir a un movimiento creciente en defensa de los derechos de las mujeres, utilizando el cine como herramienta de difusión. En sus inicios trabajaron en cine de formato 16mm y, muy pronto, recurrieron al video, que adquiría fuerza a comienzos de la década de 1980.

Declararse feministas no significaba adoptar una fórmula predeterminada ni reproducir técnicas o teorías de los feminismos anglosajones de la llamada segunda ola; el trabajo de Cine-Mujer se construyó desde la experiencia propia, con sus entusiasmos y contradicciones. Su producción de más de dos décadas refleja tanto el auge de los movimientos de mujeres en Colombia como el papel de las entonces nuevas tecnologías, que fortalecieron los medios alternativos de comunicación.

El grupo, del que también formaron parte Rita Escobar, Patricia Restrepo, Dora Cecilia Ramírez, Clara Riascos, Luz Fanny Tobón y Patricia Alvear, se propuso desafiar mediante sus películas las formas de representación de la mujer que predominaban en la publicidad, el cine y los medios masivos. Así lo expresaba Eulalia Carrizosa en una entrevista recuperada por Clara Riascos para un documental realizado tras años después de la disolución del colectivo:

 

Vélez, Ana María (productora). Riascos, Clara (directora). (2002). Diálogos de nación: La revolución pacífica de las mujeres. [Documental]. Colombia: Ministerio de Cultura; Instituto Nacional de Radio y Televisión - Inravisión. Archivo Señal Memoria, BTCX60-051743

Ponerse al servicio

Uno de los principios del grupo fue replantear los esquemas de producción tradicionales cuestionando la jerarquía de la figura del director. Patricia Restrepo recuerda que trabajar en colectivo no significaba suprimir los roles, sino ponerse al servicio de la película y del equipo. Cada integrante asumió distintas labores —sonido, montaje, fotografía, producción de campo, investigación— y, con el tiempo, fueron identificando habilidades particulares en cada una.

Ilene Sara Goldman destacaba en su tesis de 1994 sobre la producción de video de Cine-Mujer que uno de los distintivos de este colectivo, respecto a proyectos afines en Latinoamérica, fue su capacidad para tender puentes entre las teorías feministas y una diversidad de movimientos de mujeres, alcanzando así una amplia escala de personas comprometidas con el cambio social.

No sobra recordar que la participación de mujeres en el cine colombiano acompaña sus orígenes. Existen películas anteriores a los años setenta —incluso no realizadas por mujeres— que pueden leerse desde una perspectiva feminista aun cuando esa no hubiese sido la intención de sus realizadores. Asimismo, en la historia del cine colombiano figuran nombres de directoras cuyas obras consolidaron una práctica de cine hecho por mujeres, como lo cuenta Patricia Restrepo en un episodio del magazín En cine nos vemos (2006):

Correa, Julián David (director). (2006). En cine nos vemos: Momentos [programa]. Colombia: Videobase; Señal Colombia. Archivo Señal Memoria, BTCX30-001166-1

Una forma, múltiples formas

Entre las décadas de 1970 y 1990, junto a los movimientos de mujeres en Latinoamérica, se establecieron diversos grupos de realización de video, siendo el homónimo Cine Mujer en México, creado en 1975, uno de los pioneros. También en Venezuela funcionó el Grupo Miércoles y en Brasil el colectivo Lilith Video; sin embargo, el periodo de actividad de estos colectivos fue más breve que el de Cine-Mujer en Colombia.

En una época en la que en Colombia los medios alternativos de comunicación surgían de manera incipiente de la mano de los movimientos contraculturales, la disidencia necesitaba crear sus propias estrategias de comunicación. El audiovisual entró entonces a jugar un papel relevante como herramienta potencial para llegar a distintos sectores de la población, fuera de la oficialidad de los medios masivos. A inicios de los años ochenta, Cine-Mujer adoptó el video, recién llegado al país, como un formato que permitió otro tipo de registros de la actividad de los movimientos de mujeres.

Tras superar las primeras crisis de autosostenibilidad propias de un proyecto colectivo, Cine-Mujer optó por la financiación mediante colaboraciones con organizaciones locales, como FUNDAC —Fundación de Apoyo Comunitario— o la ACEP —Asociación Colombiana para el Estudio de la Población—, y con organismos de cooperación internacional, como UNICEF, que a mediados de los años ochenta centraron su interés en la situación mundial de la mujer. Gran parte de la producción de Cine-Mujer de esos años, hasta la liquidación de la Cooperativa en 1999, consistió en video-documentales de tipo educativo y divulgativo, siempre en la línea de temas concernientes a la situación de las mujeres en Colombia.

Aunque en la memoria historiográfica suele recordarse principalmente por algunas de sus obras cinematográficas, durante su periodo de actividad el colectivo circuló sobre todo en redes alternativas de los movimientos de mujeres. Sus películas y videos se presentaban en universidades, sindicatos, centros de documentación e incluso en oficinas de gobierno y organizaciones no gubernamentales.

El colectivo respondía a su tiempo: la cámara era un medio para alcanzar fines sociales. Esto no significa que en la construcción de sus obras no hubiera una preocupación estética. Por el contrario, incluso en sus trabajos más urgentes —aquellos dedicados a registrar encuentros públicos, tomar testimonios o documentar un tema coyuntural— se percibe un interés por la forma.

Varias integrantes del colectivo, además de su formación en comunicación, publicidad, diseño, medios o áreas afines, participaron en talleres y cursos de apreciación y realización cinematográfica que empezaban a realizarse en la época y a los que asistían cineastas ya reconocidos en el ámbito nacional. En sus películas argumentales, Cine-Mujer trabajó con algunos de ellos.

Las cuatro películas del colectivo recordadas en la reciente entrega de Cine y Memoria — ¿Y su mamá qué hace? (1981), Carmen Carrascal (1982), Momentos de un domingo (1985) y La mirada de Myriam (1986)— son las obras que mayor circulación han tenido en espacios de exhibición cinematográfica. Esto se explica no solo por la calidad de la mayoría de ellas, sino también por colaboraciones y respaldos que recibieron en el momento de su realización y estreno.

Tanto Momentos de un domingo y La mirada de Myriam recibieron fondos otorgados por la entonces Compañía de Fomento Cinematográfico (FOCINE). La segunda fue proyectada y premiada en eventos como el Festival de Cine de Cartagena, el Festival de Cine de Bogotá, el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, además de ser incluida en la segunda edición de La maleta del cine colombiano, proyecto promovido por el Ministerio de Cultura. En una breve nota del magazín televisivo Tiempo creativo (2001), Clara Riascos celebraba esta inclusión:

 

Rodríguez Jiménez, Nohora (directora). (2001). Tiempo creativo. [Serie] [Cap. 04, Edeza]. Colombia: Ministerio de Cultura; Inravisión. Archivo Señal Memoria, BTCX30-013338

Recuperar un archivo

La producción audiovisual del colectivo, aunque no concebida en términos de archivo, constituye una memoria colectiva. El registro constante de encuentros, procesos, testimonios, junto con la reutilización de materiales en distintas películas, refleja un interés por que el audiovisual se resignifique o actúe como herramienta en diversos contextos y periodos.

Sin embargo, dadas las vicisitudes en la historia del colectivo y las complejidades logísticas y técnicas que atañen la gestión de su archivo —analizadas en algunos artículos de la investigadora, docente y archivista Juana Suárez—, la inaccesibilidad de los materiales ha impedido que su extensa producción en video sea revisada con la atención que merece. El trabajo de investigación y gestión del archivo de Cine-Mujer que lidera la investigadora Juliana Gómez Puerta, y cuyo mayor reto ha consistido en la aclaración de los derechos patrimoniales de las obras, constituye un impulso para abrir esa posibilidad. Reunir la colección completa de Cine-Mujer y adelantar los procesos técnicos pertinentes con las copias existentes —para eventualmente disponer de copias de acceso y circulación del acervo— permitiría resituar la historia de este colectivo y ampliar la lectura de una época y de sus movimientos.

Por: Juliana Arana Toscano

Fecha de publicación original Mar, 17/03/2026 - 16:27