El radioteatro de la independencia | Señal Memoria

El radioteatro de la independencia
Publicado el Dom, 04/03/2012 - 18:10 Políticas y procesos
El radioteatro de la independencia

La narración de vidas ejemplares es acaso tan antigua como la noción de Historia en Occidente. De hecho, bien puede que desde sus orígenes la idea de ejemplo haya ido de la mano con la de recuento de algo conocido mediante la indagación, ambas acepciones implícitas en el griego ?στορ?α (historia), que a su vez deriva de la raíz proto-indoeuropea *weid: conocer o, más revelador aún, ver.

La Historia, entonces, fue originalmente concebida como ver; ver a través de ejemplos y, sobre todo, de vidas ejemplares, virtuosas o bien infames. Estas resumían situaciones paradigmáticas: actitudes éticas o morales carentes de ambigüedad, que de manera consecuente eran narradas con el fin de que se les emulara o evitara a toda costa.

De conformidad, hasta el siglo XVIII el género conocido como De viris illustribus (“De los hombres ilustres”) hizo parte del canon formativo, no sólo de la educación que pudiéramos llamar “formal”, sino de aquella suministrada en casa, tanto a través de la lectura como —y sobre todo— por vía de la narración oral, por cuentos, baladas y canciones. Algo de eso quedó hasta nuestros días en los corridos llaneros o rancheros. Luego, si bien al género se le fue desterrando del pensum educativo (salvo del ámbito religioso, en el cual las vidas de los santos siguieron siendo modélicas), supo trasladarse al ámbito de la biografía.

Hasta inicios del siglo pasado, bien pudiera aseverarse que con pocas excepciones las biografías, incluso las más  literariamente logradas, asumían una de dos formas: eran escritas para exaltar las virtudes de una figura o para denostarla sin compasión. En la escuela, la biografía moralizante cumplía así con la doble función de enseñar la historia y formar en los valores cívicos: en el heroísmo, la generosidad, la lealtad. Ambos objetivos, por supuesto, eran caros para las jóvenes naciones de uno y otro lado del Atlántico, que buscaban casi simultáneamente responder a las mismas preguntas fundamentales: ¿qué pasado nos une? ¿qué futuro podemos proyectar en conjunto? ¿qué carácter y qué atributos nos distinguen de otros pueblos?... El pasado daba las respuestas: dependiendo de dónde se estudiara, estaban en la vida de los césares, de Napoleón o de Bolívar, o asimismo en las anti-vidas de Nerón, Felipe II o Pablo Morillo.

La radio, por supuesto, también fue y hasta puede que siga siendo un vehículo para transmitir la historia de esas vidas ejemplares. Las que aquí se incluyen ilustran muy bien cómo hubo igualmente un tránsito de la cartilla escolar al programa radial, y en particular al radioteatro. Provienen de una época en la que aún esas preguntas por la identidad nacional buscaban responderse mirándose en el espejo de la Independencia. Que hoy nos parezcan tan extraños estos programas (aunque no por ello carentes de interés o belleza) obedece tanto a los cambios propios de la comunicación en el medio y la aparición de otros medios, como a que en el interludio las respuestas cambiaron. Desde hará ya casi medio siglo las corrientes historiográficas empezaron a cuestionar, y prosiguieron haciéndolo cada vez con más ahínco, el papel que cumplían las vidas de los próceres como formadores de modelos de existencia. Ciertamente denunciaban que la complejidad de los procesos sociales, económicos y culturales (nunca de un solo color: ni rosa ni negro, ni rojo ni azul) se perdía en la minucia del dato trivial, del nombre del caballo, de las palabras memorables en la batalla, por no decir que tales vidas demostraban una limitación tan apabullante como significativa: la gran mayoría eran de hombres blancos cuyo porte, tal y como aún lo percibimos en muchos billetes o estatuas de parque, se revelaba de perfil o bien del pecho para arriba, si no en pose desafiante o ecuestre. Las mujeres, los indios o los negros aparecían cada uno con un par de ejemplos que, por su limitado número, remarcaban su exclusión. Es así como poco a poco la educación de la historia en la escuela fue cambiando de la narración de vidas y hechos a la de procesos. Hará una treintena de años, o algo así, que igualmente la Radio Nacional de Colombia dejó de transmitir vidas ilustres.

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Fecha de publicación original Dom, 04/03/2012 - 18:10

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