Publicado el Vie, 11/28/2014 - 16:22

El poder para qué, dijo Darío Echandía

Tras el asesinato de Gaitán, Echandía pronunció aquella frase que pasó a la historia. Años más tarde, con la violencia desatada, sería el encargado de pacificar el Tolima.

créditos de la foto: 
Archivo Editorial La Oveja Negra - Historia de Colombia No. 15 - Grandes reformas liberales

 

La violencia de los años cincuenta, aquella que se agudizó tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, tuvo algunos puntos neurálgicos. Particularmente en zonas cafeteras donde era evidente el problema de distribución de la tierra, bandoleros y guerrillas se organizaron para actuar en nombre de la causa de los terratenientes y de los desposeídos. Probablemente, el Tolima fue uno de los departamentos más afectados por este conflicto. Allí estuvieron tres importantes resguardos indígenas a los que poco a poco se les fue quitando terreno: Chaparral, Ortega y Natagaima. De aquellas tierras era oriundo Quintín Lame, quien defendió a principios del siglo XX  su condición de indígena y el territorio de sus ancestros. Desde aquel entonces, las luchas adelantadas en torno a la posesión de la tierra se extendieron a otras zonas. Villarrica y Cunday, dos poblaciones a donde años atrás habían sido enviados los desmovilizados de la Guerra de los Mil  Días (1899-1902) empezaron a figurar, en los años cincuenta, como refugio de bandoleros liberales. En 1955, durante el gobierno de Rojas Pinilla las dos poblaciones fueron centro de operativos  de contrainsurgencia. Para 1958, ya durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo, en el departamento era significativo el número de masacres cometidos por unos y otros. Sobrenombre como “Chispas”, “Tarzán” o “Desquite” inundaban los titulares de prensa y aparecían como responsables de sangrientos hechos.

El Frente Nacional fue un pacto de partidos que surgió con la promesa de debilitar aquella violencia que tantas víctimas iba dejando a su paso. Siguiendo ese propósito, Alberto Lleras, el primer presidente del Frente Nacional, decidió enviar a Darío Echandía como gobernador del Tolima. Esperaba que él, por haberse destacado en distintos momentos cruciales de la vida política del país, pudiera contribuir a contener el derramamiento de sangre. Según lo demuestra María Victoria Uribe en su artículo “Violencia y masacres en el Tolima: desde la muerte de Gaitán al Frente Nacional” (Revista Credencial No. 18, Jun. 1991), durante la gobernación de Echandía los índices de violencia bajaron gracias a que él “inaugura un nuevo estilo de gobierno departamental (…), se ponen en ejecución diversos planes de desarrollo y se firman una serie de pactos de paz, avalados por el gobernador, entre veredas y pueblos enfrentados a muerte desde el asesinato de Gaitán”. Sin embargo, tras la salida de Echandía, la espiral de violencia retomaría su curso nuevamente.

En la Fonoteca de Señal Memoria encontramos un documento sonoro en el que Darío Echandía acepta el cargo de gobernador del departamento del Tolima. El documento se encuentra catalogado con el consecutivo CD10372.

Ana Maria Lara Sallenave

Fecha de emisión: 20 de diciembre de 1958
Lugar de emisión: Bogotá
Referencias: 1948, Tolima.
 

Institucional

Contratación misional
Misión y Visión
Objetivos y funciones
Normatividad
Políticas y Planes
Informes de Gestión

Servicios

Atención al usuario 
Trabaja con nosotros
Calendario de actividades
Buzón Peticiones, Quejas, Reclamos y Denuncias
Tramites y Servicios
Directorio Subgerencia de Radio
Estado de su solicitud
Términos y Condiciones